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Taller de Prevención de recaídas: Primera etapa de la abstinencia

By Blog, Talleres

Gran cantidad de personas no logran sostener la abstinencia y vuelven a su nivel anterior de consumo en los primeros 30 días.  Esto puede estar provocado por una serie de obstáculos con los que probablemente nos encontremos y será útil estar preparados para afrontarlos, o al menos advertir de que ahí estarán. Estos obstáculos pueden ser desalentadores, pero si se sabe que pueden aparecer, tendremos más herramientas para gestionarlos.

Síntomas de la abstinencia.

Los síntomas de la abstinencia pueden ser tanto físicos como emocionales y pueden aparecer en esta primera etapa. Estos síntomas pueden ser:

  • Insomnio.
  • Irritabilidad.
  • Cambios de humor.
  • Hipersensibilidad emocional.
  • Adormecimiento de las emociones.
  • Falta de energía.
  • Caída del nivel de atención.
  • Incapacidad de sentir placer.
  • Falta de deseo sexual.
  • Extrema sensibilidad al estrés.
  • Fallas de la memoria.
  • Confusión de pensamiento.
  • Dificultades para concentrarse.
  • Menor nivel de atención.
  • Agorafobia.

Si no estamos advertidos de la posible aparición de estos síntomas, podemos desalentarnos creyendo que siempre será así. Eso no es correcto, ya que la mayoría de estos síntomas desaparecen con el tiempo.

Teniendo en cuenta que muchos de estos síntomas son provocados por el deterioro a nivel orgánico, muchos pacientes recurren al consumo una vez más para cancelarlos, dejando de lado que, en realidad, la situación no hace más que empeorar, prolongando e intensificando esos síntomas a largo plazo.

Soñar que se consume.

Durante la primera etapa de la abstinencia, es muy común soñar con que se vuelve a consumir. Estos sueños son perturbadores para la mayoría de los pacientes y generan múltiples inquietudes.

Lo primero que interpretan muchos pacientes es que el trabajo que están haciendo no está teniendo efectos y por eso todavía tienen deseos de consumir, desanimándose y poniendo en duda todo lo logrado.

Tener deseos de consumir no contradice el avance. Si fuera tan fácil eliminar el deseo de consumir, no habría tratamientos ni serían tan prolongados.

Además, hay que recordar que un sueño tiene su valor a partir de la interpretación que se hace de él.

Soñar con consumir puede tener un sentido u otro. Puede ser, efectivamente, una expresión de deseo, pero también de temor a volver a hacerlo. Puede significar que, frente a los problemas de hoy, se sueña con resolverlo a la manera antigua, es decir, con drogas.

Por estas razones, lo mejor que se puede hacer con un sueño es ponerlo a trabajar, lo que significa hablar de él con quien corresponde, sacar ideas y conclusiones, darle vueltas.

Impulsos y deseos de volver al consumo.

Las ganas de volver a consumir son muy fuertes durante la primera etapa de la abstinencia. Esto es normal y casi inevitable.

Las ganas pueden ser provocadas por personas, objetos, situaciones, lugares y sentimientos que previamente estaban muy vinculados al consumo. Son cosas que nos recuerdan el consumo y, del mismo modo que cuando sentimos un olor familiar recordamos dónde lo hemos sentido, de igual modo sucede con el deseo de consumir.

En un primer momento, volver a encontrarnos con un compañero de consumo, estar en un sitio en donde solíamos hacerlo, o pasar por una situación con la que se asociaba el consumo, puede traer su recuerdo a primer plano. Esto es del todo esperable y sucede con frecuencia.

Recordar el consumo y tener deseos de consumir no implica que lo que se viene trabajando pierda sentido o que se trate de un caso “imposible de recuperar”. Como tampoco sentir deseos de consumir implica finalmente acabar consumiendo.

Ciertos estímulos promueven las ganas y el deseo, pero no podemos olvidar que, frente a esos estímulos, son sujetos los que responden y como sujetos toman sus decisiones. Hay ahí una persona que responde; no somos máquinas de estímulos y respuestas. Algo hay entre una cosa y la otra y es ahí donde podemos incidir con enorme poder.

Tener en cuenta esta posibilidad y preverla puede ser de gran utilidad a la hora de experimentarla. De este modo, estaremos prevenidos, sabiendo que es un paso común dentro del proceso.

Citamos aquí algunos ejemplos que pueden provocar el deseo de volver al consumo:

  • Ver personas asociadas al consumo.
  • Estar en lugares en los que se consumía.
  • Experimentar estados de ánimo negativos: rechazo, soledad, aburrimiento, enojo, culpa, ansiedad, depresión.
  • Estados de control: sensación de que el tema está superado y que volver a consumir no será un problema.
  • Recuerdos.
  • Momentos del día: Si estaba acostumbrado a consumir luego del trabajo o en cualquier otro momento señalado.
  • Sonidos y olores.
  • Ver a otras personas consumiendo.

En una primera etapa de la abstinencia, no es mala idea intentar evitar estos estímulos en la mayor medida posible. No tiene ningún sentido ponerse a prueba y estar frente a lo que estimula los deseos de consumir sólo para probarse de que se es capaz de no reincidir.

Sabemos, sin embargo, que los estímulos no pueden controlarse completamente y que más tarde o más temprano nos encontraremos con alguna situación, persona, objeto o sensación que nos recuerden el consumo. En ese caso, es importante el trabajo que se realiza más allá del consumo en sí y el tratamiento del estímulo.

Un estímulo no puede ser evitado por siempre y el caso del alcohol es emblemático. Se trata de un tóxico que se consume de manera abierta en muchos sitios y a cualquier hora del día, hay publicidad por todas partes y se anuncia incluso en eventos deportivos.

Entonces, si sólo se tratase de evitar el estímulo, el alcoholismo sería incurable. Y no lo es. Por eso, no se trata tanto de rechazar el estímulo y así evitar el tóxico, sino de hacer una elección diferente; se trata de poder estar en una situación que recuerda el consumo, pero poder vivirlo de otro modo, eligiendo otra cosa que el consumo, no rechazándolo.

Es decir, hacer una elección en positivo y no sólo un rechazo de lo negativo. El que decide salir a hacer deporte bien temprano por la mañana, ha de saber que, si esa noche bebe y se acuesta tarde, al otro día no podrá hacer lo que quiere y por eso decide no beber. De eso se trata, no se rechaza el alcohol porque sí, sino porque se elige otra cosa.

El infierno y el cielo

By Blog, Testimonios

Marta inició el taller de socioterapia de los viernes :

– Antes de nada, me gustaría hacer una ronda para saber cómo ha ido la semana desde un punto de vista terapéutico.

Los pacientes fueron contestando uno a uno. Juanjo esperó su turno y respondió:

– No me gusta usar parábolas cuando puedo describir mi estado emocional, pero hay un breve cuento japonés que describe perfectamente quién era, quién soy y cómo me siento.

En la época feudal, un señor de la guerra pasaba cerca de un monasterio. Aquel guerrero, con fama de cruel y de no tener ningún respeto por los seres humanos, quiso entrar en el recinto para competir mentalmente con el abad, que era reconocido como una de las personas más inteligentes de Oriente.

Acompañado de los monjes más sabios y de los de mayor edad, el abad le recibió.

El señor feudal, que quería impresionar a su tropa y demostrarles su poder e inteligencia, le preguntó al monje cuál era la diferencia entre el infierno y el cielo.

El abad ni siquiera le miró. Cerró los ojos y entró en un corto pero intenso estado de trance. Meditaba para obtener una respuesta correcta.

Pero el señor feudal, impaciente y arrogante, le apremió a contestarle. Incluso llegó a pensar que el abad no tenía la respuesta. Había ganado la partida, pensó, pero no soportaba la indiferencia del monje. Además, como no sabía con certeza lo que ocurría en la mente del monje, se levantó y desenfundó la espada.

– ¿Quién te has creído que eres, monje insolente? – le espetó iracundo, con la espada en alto. Te voy a cortar el cuello.

El sabio, sin perder la compostura, se dirigió entonces al guerrero con una mirada bondadosa y le dijo:

– Señor, esto que sentís vos ahora es el infierno.

El señor de la guerra entendió que su actitud era desafiante y altanera. Entonces, miró al monje y se disculpó, sentándose al lado de su tropa.

El abad, simplemente, concluyó:

– Y esto que sentís ahora es el cielo.

Un silencio invadió la terapia. Juanjo se había descrito y había reconocido sus errores de conducta del pasado. Todos entendieron que el mundo vivido con drogas es un infierno y que vivir tranquilo, perdonando, sin una actitud prepotente y abstinente era el cielo.

Marta sonrió a Juanjo de forma sutil y dándole a entender que, por fin, había entendido lo que la terapeuta vio en él semanas antes, cuando llegó a CITA, y en lo que se había convertido. Juanjo era un señor de la guerra. Ahora ya no. Y estaba contenta.

– Muchas gracias grupo. Buen fin de semana. Lo dejamos aquí.

No supe evitarlo: Un ejercicio de PAE (Psicoterapia Asistida por Equinos)

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Argumento

El ejercicio consistía en disponer cinco cubos con comida para el caballo; cada cubo tenía un nombre que yo mismo había puesto (Yo, esposa, hijos, trabajo y amigos). El caballo representaba el alcohol. Cuando yo lo pidiese, soltarían al caballo y mi tarea consistía en evitar que el caballo comiese de los cubos.

Resultado

Fui a buscar el caballo y le obligué a moverse lejos de del centro, que era donde se encontraban los cubos de comida. Pero el caballo, en un giro inesperado que no controlé, se comió únicamente la comida del cubo donde estaba escrito el nombre de “Yo”.

Interacción

Pensar que yo dejé mi puesto para ir a buscar al caballo (Alcohol) y que éste sólo comió del cubo en el que yo me reflejaba (Yo).

Reflexión

En mi vida, he dejado todo lo que me importaba por el alcohol y éste se me ha comido. He dejado de relacionarme con mi entorno, he perdido un trabajo que supuestamente debía garantizar mi jubilación, he entrado en una depresión, y he podido llegar a morir si mi hijo no me hubiese rescatado del abismo en que me encontraba. Todo esto es lo que debo agradecer al alcohol y a mi ceguera frente a algo evidente a lo que no supe poner solución.


Puedes encontrarnos en la página web de Clinicas Cita 
o aquí para saber más sobre terapia asistida con equinos en ClínicaCita

Taller de Prevención de recaídas: Apartarse de la droga. Primera parte.

By Blog, Talleres

Liberarse de una adicción requiere algo más que limitarse a cumplir algunas fórmulas de autoayuda. Significa, ante todo, cambiar el modo en que uno vive. Implica desmantelar el armazón adictivo de la propia vida para crear una estructura diversa en su lugar.

Al elegir la vía de la adicción, el individuo tomó el camino que creyó más fácil y se apartó de otro que lo obligaba a luchar con los sentimientos y problemas que él deseaba eludir.

Ahora, para recuperarse, el individuo tiene que dejar de caminar en círculos y afrontar esos sentimientos y creencias que lo hicieron tan vulnerable a la adicción.

Ahora bien, ¿cómo dejar de caminar en círculos?

Para lograrlo hay que interrumpir el ciclo y eso se alcanza introduciendo una variante en la manera de hacer. Esta variante es dejar de consumir. Es imposible comenzar un camino de recuperación sin romper el circuito adictivo.

La abstinencia es un requisito previo para la recuperación y no su desenlace.

Continuar con la actividad adictiva no hace sino mantener vivo el deseo de consumir y hace inevitable la recaída. Lo único que con el tiempo eliminará el deseo de consumir es la abstinencia total. Si uno continúa consumiendo, aunque sea en ocasiones, estará tan pendiente de ese proceso y sus consecuencias que será incapaz de efectuar los cambios que conducen a la verdadera recuperación.

Ahora bien, una advertencia es necesaria antes de seguir adelante. Las personas propensas a la adicción suelen querer resultados perfectos, y los quieren ya.

Al principio de la recuperación, esto puede llevarlos a pretender mucho y demasiado pronto. Tal vez aspiren a dejar el consumo sin ningún tropiezo, a solucionar instantáneamente todos los problemas que han tenido en su vida durante años, a no tener nunca deseos de volver a consumir, a no recaer y vivir felices por siempre.

La recuperación es un proceso de aprendizaje, como cualquier otro, y hay que contemplar entonces los errores y los obstáculos. Es probable que nos encontremos con caídas en el recorrido, pero se trata de no abandonar el camino, ya que los resultados llegan.

Prepararse para dejar el consumo.

Evitar la negación.

El primer paso es lograr distinguir las consecuencias que provoca el consumo. Una vez distinguidas, debemos dar un paso más, que consiste en poder ver claramente que, a pesar de las consecuencias negativas, la práctica continúa.

Es decir, tenemos las consecuencias y tenemos la imposibilidad de detenerse; si juntamos ambas partes tendremos el montaje de la adicción. Evitar la negación implica poder hacer esa conexión.

Un obstáculo importante para evitar la negación es la auto-recriminación y la culpa que se siente con respecto al consumo. Algunas personas están “empeñadas” en sentirse fracasadas y les resulta difícil abandonar esa identidad.

Decírselo a alguien.

Reconocer un problema en voz alta también ayuda a disipar la negación. Admitir que se tiene un problema de consumo contribuye a reconocer que algo marcha mal en la vida, y esto crea un marco adecuado para tomar decisiones orientadas a la recuperación.

Decidirse a dejar el tóxico.

Un ejercicio muy útil para comenzar a despejar incógnitas es el de los costos y beneficios en relación al consumo.

A partir de poder poner por escrito los costos y los beneficios de consumir, y hacerlo de manera sincera, se pueden ver una cierta cantidad de cosas que a primera vista estaban escondidas. Este ejercicio sólo tiene efectos si la persona realiza un verdadero acto de honestidad consigo mismo.

Intente enumerar todo lo que se le ocurra, sea pequeño o grande, y procure no dejar nada sin apuntar. De este modo, una vez concluido, tendrá delante de sí un mapa bien trazado del problema.

En el lado del coste, considere cómo ha afectado el consumo a sus relaciones familiares, amistades, trabajo, carrera, salud física y mental, autoestima, responsabilidades y actividades recreativas.

Del mismo modo, por el lado de los “beneficios”, intente hacer el listado de manera detallada. ¿Qué es lo que obtiene del consumo? ¿Le ayuda a relajarse? ¿A conocer gente? ¿Elimina la ansiedad? ¿Olvida los problemas? ¿Le ayuda a aguantar el aburrimiento?

Ahora bien, para completar el ejercicio, necesitamos una lista más. Esta tercera lista será sobre lo que usted pretender conseguir, lo que quiere, lo que desea o le gustaría de su vida.

Una vez que tenga estas tres listas, escritas de manera sincera, intente estudiarlas y encontrar relaciones, ideas y preguntas.

Prevea sentirse ambivalente.

Es del todo normal sentirse ambivalente en relación al consumo. Muchos fueron los “beneficios” que le ha aportado el consumo y eso no se olvida de un día para el otro. Reconocer el gusto por el consumo y la ambivalencia que le genera es un paso imprescindible. En ocasiones se escucha “nunca más consumiré, lo tengo clarísimo”. Este argumento suele dejar de lado el componente de deseo que hay en relación al tóxico.

Nivel de compromiso con la renuncia al tóxico.

Es necesario que se tenga muy clara la motivación para dejar la adicción. Hay que preguntarse antes de comenzar si el compromiso es auténtico o superficial. Usted ha pensado en dejar la droga. ¿Otras personas le piden que lo haga y usted busca complacerlas que lo dejen tranquilo o la decisión es suya?

De las respuestas a estas preguntas depende la orientación de todo el proceso. Si verdaderamente el objetivo es dejar las drogas, en ese caso, se deberá estar muy atento a lo que se hace.

La distancia entre lo que se dice y lo que se hace es una buena medida de las cosas.

¿Hay una relación directa entre el tabaco y el cáncer de pulmón?

By Actualidad, Blog

El tabaco tiene unos 200 aditivos, la gran mayoría de los cuales son cancerígenos. Pero la polémica radicaría en intentar determinar si el hecho de fumar causa cáncer de pulmón y cardiopatías isquémicas, sobre todo por las consecuencias legales que esto conlleva.

Hace ya muchos años, las principales empresas tabaqueras aceptaron pagar más de 60 billones de pesetas al gobierno norteamericano para compensar los daños sanitarios provocados por el tabaquismo, pero siguen negándose a reconocer que exista una relación directa entre tabaco y cáncer por la avalancha de demandas a las que tendrían que hacer frente y que podrían provocar que cerrase el negocio.

¿En qué consiste la polémica? Entre quienes creen que el tabaco por si sólo puede provocar cáncer de pulmón, y otros especialistas que consideran que el cáncer es la consecuencia de la interacción compleja de varios de factores de riesgo, de los cuales el tabaco ni siquiera sería el más importante.

Según algunas teorías, el cáncer de pulmón sería el resultado de la suma del tabaquismo más las mucosidades generadas por un consumo excesivo de lácteos, argumentando que antes de la ocupación norteamericana y la importación de sus hábitos alimentarios, la incidencia del cáncer de pulmón en Japón era muy baja a pesar de que el hábito de fumar estaba tan extendido como en otros países.

Otros autores, por su parte, relacionan toda forma de cáncer con un malestar emocional, con diversas formas de toxicidades, etc…

Y a eso se agarran las tabacaleras: que las estadísticas pueden sugerir una causa pero no demostrarla. Ya que sabe que la estadística puede ser una falacia. Lo parodia el siguiente chiste. Un hombre que ha de viajar en avión se informa de que las probabilidades de que su avión sea escogido por un terrorista es alta pero no despreciable. Entonces nuestro hombre decide hacer el viaje en avión con una bomba en su equipaje de mano, ya que las probabilidades de que dos terroristas suban al mismo avión son prácticamente nulas.

Taller de prevención de recaídas: De causas y consecuencias

By Blog, Talleres

La adicción, muchas veces está formada por la relación con más de una sustancia. Las combinaciones pueden ser diversas y cada cual tiene su pareja. Las más comunes son: cocaína y alcohol, cocaína y prostitución, alcohol y tabaco, juego y comida en exceso, etc. De alguna manera, parece que una adicción fomenta a la otra.Es frecuente escuchar la siguiente afirmación: Yo puedo estar tranquilo, sin consumir cocaína, hasta que bebo la primera cerveza. Este es un ejemplo típico de la combinación de consumos. Efectivamente, uno fomenta el otro.

Lograr dejar una sustancia no implica dejar todas las demás, incluso puede suceder lo contrario. Es decir, cuando se logra dejar un consumo, aumenta el otro. Podemos nombrar aquí otra serie de ejemplos emblemáticos: He dejado el tabaco, ahora sólo fumo porros; he dejado la cocaína, ahora sólo necesito benzodiacepinas cada día, etcétera.

De este modo, se ve claramente que no se trata de las sustancias en sí sino de la manera en que las utilizamos.

En el pasado, la hipótesis más fuerte postulaba que el problema de la adicción o el elemento adictivo estaba en la sustancia en sí, y, de este modo, lo principal era erradicar la sustancia.

Este postulado estaba equivocado, ya que más allá del fracaso completo de las políticas policiales en contra de la distribución de la droga, lo importante fue la observación de que hay otras cosas a lo que la gente se vuelve adicta y que en un principio no implica la ingesta de un elemento químico. Por ejemplo, hay gente adicta a las compras, al póker, al bingo, a la comida, al sexo, etcétera.

Otra hipótesis que resultó equivocada fue la que postulaba que la gente consume para evitar la abstinencia y nada más. De este modo, la idea que se sostenía decía que una vez consumida la primera dosis, las siguientes sólo vienen para que la persona no experimente la abstinencia. En concordancia con esta hipótesis, muchos tratamientos proponían un período rápido de desintoxicación y luego listo, está “curado”.

Ahora sabemos que superar una adicción necesita algo más que dejar de consumir por unos días. Se trata más bien de un cambio de orden subjetivo, un movimiento global en relación a una serie de factores que nos afectan internamente. La manera en cómo enfocamos nuestros problemas y cómo logramos satisfacer nuestras necesidades emocionales, sociales y afectivas tienen más que ver con la adicción que si hacemos más o menos deporte o si tomamos tal o cual sustancia.

La causa de la adicción tiene que ver con cómo nos arreglamos con el malestar.

Hay cinco factores principales que ponen a las personas en alto riesgo de recurrir a una droga para cambiar su estado de ánimo, de obtener de esa droga un efecto placentero y de sentirse empujado a repetir la secuencia una y otra vez.

  1. Sistema de creencias adictivo.
  2. Personalidad adictiva.
  3. Inadecuada capacidad para afrontar las cosas.
  4. Necesidades sociales y emocionales insatisfechas.
  5. Falta de respaldos sociales.

Sistema de creencias adictivo.

Un falso sistema de creencias funciona por debajo de las adicciones. Este sistema de creencias incluye, por ejemplo, la idea de que es posible ser perfecto, que el mundo no tiene límites, que nuestra imagen es más importante que lo que somos, que no somos bastante y, sobre todo, que ciertas cosas, como las drogas u otros objetos, tienen la solución mágica a los problemas de nuestra vida.

Este sistema de creencias nos pone a un paso de creer que podemos encontrar una satisfacción inmediata aún cuando sabemos que perdemos una satisfacción más sólida y duradera a largo plazo.

Personalidad adictiva.

Está formado por ciertos rasgos de personalidad que incluyen, entre otros, los siguientes.

  • Perfeccionismo.
  • Insensibilidad emocional.
  • Búsqueda de aprobación.
  • Hipersensibilidad a las críticas y al rechazo.
  • Propensión a sentir vergüenza.
  • Enojos mal manejados.
  • Incapacidad para tolerar las frustraciones.
  • Sentimientos de impotencia.
  • Desmedida necesidad de ejercer el control.
  • Pasividad para encarar problemas.
  • Abandono de uno mismo.
  • Aislamiento social.

Inadecuada capacidad para afrontar las cosas.

Debido a que vivimos en una sociedad que también es adictiva, no estamos adquiriendo la adecuada capacidad para afrontar y resolver problemas. Tenemos pocas herramientas para tolerar la ambigüedad y la frustración, comunicarnos directa y honestamente, cooperar y actuar de forma constructiva.

En vez de esto, aprendemos a recurrir al arreglo rápido, a las soluciones a corto plazo.

Necesidades emocionales y sociales insatisfechas.

Las necesidades de ser aceptados como somos y no por lo que parecemos suelen estar insatisfechas, ya que vivimos en sociedades regidas por patrones imposibles de seguir. La belleza, el dinero, la eficiencia, la felicidad total, etc., son factores que generan impedimentos de poder satisfacerse con las relaciones sociales o emocionales.

Falta de respaldos sociales.

Sin un sentido de pertenencia a algún grupo, ya sean amigos, familia, compañeros, etcétera, estamos mucho más dispuestos a caer en una adicción. Enfrentar los problemas de la vida solo es mucho más difícil que hacerlo con apoyos.

En muchas ocasiones, el consumo intenta ser una herramienta para poder generar un grupo de pertenencia. En ocasiones, esto funciona por un breve lapso de tiempo; sin embargo, termina cayendo por la lógica misma del consumo, que promueve la soledad y el aislamiento.

La combinación de estos cinco factores ponen a la persona a las puertas de una adicción. Pero no podemos olvidar algo fundamental: necesitamos las dos partes de la combinación. Por un lado, esta serie de características, y, por el otro, el acceso a la sustancia. Una sin otra no puede sostenerse.

1 Taller basado en el capitulo 4 del libro Querer no es poder, de Washton y Boundy. Ed. Paidós. Madrid 2011.

Me llamo Ana

By Blog, Testimonios

Me llamo Ana. Os contaré un poco mi caso por si le sirve de experiencia a alguien.Trabajaba en una consultora y me exigía mucho, objetivo tras objetivo. Hasta que llegó un momento en el que no podía mantener la presión y comencé a consumir anfetaminas. Poco a poco, mi consumo se incrementó de tal forma que ya no podía sostener mi vida habitual. Lo comenté con mi psiquiatra y busqué un cetro donde pudieran ayudarme.

En CITA supieron comprenderme desde el primer momento. Al principio, me costó adaptarme y los primeros días lo pasé muy mal. Dejar de consumir me afectó tanto a nivel físico como emocional. Estuve dos días encerrada en la habitación.

Actualmente llevo en CITA Clínica 1 mes y 10 días y me encuentro infinitamente mejor. La vida sin drogas es mucho mejor de lo que pensamos cuando consumimos. Tenemos que aprender a vivir también los momentos de tristeza, de aburrimiento…, todo aquello que las drogas tapan artificialmente. Aquí estoy como en una pequeña “familia”. Después de las terapias y de haber pasado el proceso habitual de desintoxicación, me he dado cuenta de que las anfetaminas no entran en mi proyecto de vida en absoluto, que no forman parte de mis valores. Todo el mundo pasa por momentos complicados en los que pueden pensar que las drogas van a ayudarles a superarlos pero es todo lo contrario.

Actualmente continúo ingresada y mi vida ha dado un giro radical y espero que sin retorno. Por eso me atrevo a animar a todos aquellos que lo necesiten a comenzar este proceso.

Un abrazo, Ana.

¿Nos puede ayudar una máquina a dejar el hábito del tabaco?

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La Moraterapia es sistema poco conocido para intentar dejar de fumar que parece que ofrece buenos resultados. Se trata de un dispositivo electrónico que utiliza la propia capacidad que tiene el organismo para curarse de prácticamente cualquier enfermedad, incluida –y esto es lo que hoy nos interesa- la adicción al tabaco.La Moraterapia o Terapia de Bioresonancia fue desarrollada en Alemania en 1977 por un médico, el Dr Franz Morell, y un ingeniero electrónico, Erich Rasche, a partir del concepto de que el cuerpo humano puede transmitir y recibir oscilaciones electromagnéticas, Morell y Rashe diseñaron instrumentos que utilizan la emisión y recepción de estas oscilaciones para el diagnóstico y el tratamiento de cualquier enfermedad, incluyendo el tratamiento anti-tabaco

De manera muy simple, este es el planteamiento: las oscilaciones en una persona sana son armónicas y las oscilaciones de las personas enfermas son disarmónicas, es decir, aparecen distorsionadas.

Las oscilaciones armónicas de las personas que están sanas tienen la función de mantener la armonía del organismo, ayudándole a resolver cualquier agresión exterior que se le presente, tanto da que sea química, microbiana, electromagnética, psicológica etc., manteniendo de este modo la salud del organismo. Las oscilaciones patológicas, en cambio, aparecen cuando nuestro organismo está intoxicado.

Y el objetivo de la Terapia de Biorresonancia es restablecer esta capacidad de regulación de nuestro organismoconvirtiendo las oscilaciones patológicas en oscilaciones sanas. ¿Cómo lo hace? Recoge primero toda la información de las sustancias tóxicas que guardamos y borra esta información, reforzando las oscilaciones armónicas de nuestro cuerpo.

Según sus defensores es un tratamiento rápido (3 sesiones para el tratamiento anti-tabaco), efectivo, y no provoca ninguna molestia ni tiene efectos secundarios.

Eso sí, como todos los demás métodos para dejar de fumar exige un poco de consciencia (Ya se sabe que la decisión sigue siempre a la consciencia) y un poco de fuerza de voluntad. Lo de poco lo dicen los defensores de esta terapia. Y la verdad es que, acostumbrados a que nos insistan tanto en que dejar de fumar es cuestión de mucha fuerza de voluntad, esta premisa resulta bastante alentadora.


Puedes encontrarnos en la página web de Clinicas Cita 
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Taller de Prevención de recaídas: Cómo cae en la adicción la gente común.

By Blog, Talleres

Una persona no necesita reunir todos los componentes de una personalidad adictiva o estar emocionalmente perturbada para caer en una adicción; basta con que guarde el recuerdo de una experiencia con cierta actividad o substancia  que le resultó muy reconfortante, aliviadora o placentera.Más adelante, cuando esa persona sufra un alto grado de stress tal vez se sienta, consciente o inconscientemente, inclinado a tomar otra vez esa substancia o a involucrase en esa situación. Sin que pueda advertirlo, de este modo puede ponerse en marcha un círculo vicioso difícil de detener.

En el caso del alcohol, las drogas, el juego, el sexo, etcétera, los efectos bioquímicos que se producen en el cerebro refuerzan la dependencia.

En muchos sentidos, el proceso de la adicción  se puede comparar con entablar una relación. A medida que avanzamos con la relación, nuestro compromiso se intensifica y el influjo que ejerce sobre nosotros es más fuerte.

Presentamos aquí, las etapas de un amargo matrimonio:

Enamoramiento.

Las primeras experiencias con las drogas, tanto si han sido buenas o malas, nos dejan una marca.

Los primeros contactos suelen dejar encandilado y enamorado. En general, suelen tener un efecto que es importante para esa persona, ya sea que le emocionan, le producen euforia o le tranquilizan. Se genera un cambio de estado de ánimo que, en muchas ocasiones, se experimenta con todo el cuerpo.

Las drogas producen una alteración del equilibrio químico del cerebro, aumentando  los neurotransmisores que producen placer. De este modo, a largo plazo, se genera una dependencia de ese nuevo equilibrio químico.

Al margen de los neurotransmisores, las drogas, con su efecto placentero, desinhibidor, euforizante, etcétera, producen cambios a nivel de nuestra subjetividad.

Es común escuchar a la persona que dice que con una copa se siente más cómodo en las reuniones sociales o que puede hablar de manera más elocuente con el otro sexo. Es conocido también el efecto euforizante de la cocaína, que produce deseos de conectar con los demás. Otro ejemplo clásico es la relajación y el placer que produce la heroína o la calma que puede dar también el consumo de alcohol.

Son sensaciones del ánimo buscadas por las personas: Estar alegre, estar tranquilo, ser espontáneo.

A primera vista, el consumo viene a resolver esa carencia, dándole valor al tímido, tranquilidad al nervioso, alegría al apático y entretenimiento al aburrido. De este modo, no es extraño que una persona vuelva a buscar la droga para producir una vez más ese efecto deseado y así evitar, al menos durante unas horas, lo que no funciona.

La luna de miel.

Una vez que una persona tiene claramente identificado que consumiendo tal o cual substancia puede alcanzar, rápido y sin esfuerzo, un estado o una sensación deseada y no identifica esta substancia con algo totalmente negativo, el camino de la adicción está servido.

Las situaciones de stress, de dolor, de frustración o de apatía, entre otras, lamentablemente no son pocas en la vida de una persona. Cada cual tendrá sus problemas: para unos serán grandes mientras que para otros serán pequeños; cada cual encontrará lo que no va para uno mismo, lo que falla o lo que falta. El catálogo es tan amplio y variado como gente hay en el mundo.

Frente a esto, la persona puede verse tentada a intentar cancelar, de manera rápida, estas situaciones o sentimientos y, de este modo, poder seguir adelante.

Si dejamos de lado la “solución inmediata” del consumo, tenemos básicamente dos opciones: La primera, tomar medidas para modificar la situación que nos está incomodando o molestando; por ejemplo, resolviendo el problema, tratándolo, comunicándolo, etcétera. O la segunda opción, si la primera no es posible, será cambiar nosotros mismos frente a la situación, modificando nuestra relación con ella.

Sin embargo, estas dos opciones parecen no ser del todo fáciles de poner en práctica. Sabemos poco sobre cómo modificar las situaciones que nos rodean, ya sea porque no sabemos cómo hacerlo, cómo comunicar nuestros deseos o incluso, a veces, ni siquiera sabemos lo que queremos.

Estamos mucho más acostumbrados a negar nuestros problemas, subestimarlos o directamente no prestarles atención. Evitamos la reflexión y evitamos también poner la mirada sobre nuestras sensaciones y sentimientos.

Durante este período, el consumidor puede disfrutar de todos los beneficios del consumo. Siente que ejerce el control, logra la desinhibición, la calma, la relajación, la alegría, la euforia y el olvido. Todavía es pronto para empezar a ver las consecuencias.

Traición.

Al principio, el consumo parece prestarnos un buen servicio: nos sentimos más atractivos, cómodos, menos aislados, más productivos, poderosos, alejados de nuestros problemas. Sabemos que esto es una ilusión, y sabemos también, que las ilusiones no duran.

Mientras tratamos de mantener esa ilusión, los problemas no hacen más que aumentar y nuestra avidez de sensaciones se intensifica. Se necesita siempre un poco más.

Lo que antes era solo un temor, tal vez sólo una percepción exagerada de los problemas, ahora se convierte en un problema real. Esta rueda comienza a girar y produce una retroalimentación negativa. Podemos ubicar una secuencia en donde primero la persona desconfiaba de sus propias capacidades; segundo,  para no pensar demasiado en eso consumía; y tercero,  por consumir a un alto nivel, realmente pierde sus capacidades, cumpliendo de algún modo lo que antes solo era un supuesto.

La secuencia se reproduce de manera exponencial. Lo que antes era incapaz de hacer una persona ahora parece posible. El ejemplo clásico es el del cocainómano que primero gasta un poco más de la cuenta un fin de semana, luego se gasta casi todo lo que gana, luego pide prestado y acaba, al fin, robando para sostener la adicción.

En la ruina.

Siguiendo adelante con las etapas, nos encontramos en uno de los últimos escalones. Del mismo modo que, en un principio, la persona buscaba el consumo como un modo de no saber nada de sus problemas, ahora lo repite pero en mayor medida. Los problemas ahora son enormes y, por ende, la necesidad de consumo es mucho mayor. A esto se le agrega el factor de la tolerancia, que es la capacidad del cuerpo a acostumbrarse a una cierta cantidad de droga, lo que provoca la necesidad de consumir cada vez un poco más para obtener los mismos resultados.

En este momento, casi cualquier cosa puede ser un buen motivo para consumir, desde una pequeña discusión  hasta el más simple aburrimiento. La persona no aguanta sin consumir, se ha vuelto dependiente de ese estado.

En este momento, tres procesos que se encadenan vienen a reforzar el circuito de consumo:

El deseo de evitar la abstinencia, que comprende tanto síntomas físicos como psíquicos.

Condicionamiento: Los efectos de la droga quedan asociados a una enorme cantidad de lugares y cosas. Cada vez que la persona entra en contacto con esas personas o lugares, recuerda automáticamente el consumo y lo desea.

Alteración de la función cerebral: El desequilibrio de neurotransmisores en el cerebro provoca que, cuando la droga falta, se sienta una enorme apatía y desgana, una sensación de vacío insoportable.

La prisión.

En este momento, el consumo lo ocupa todo, nada ha quedado aparte de esto. Se entra en un franco estado de desesperación, no se ve la salida y el adicto se mantiene obsesionado con consumir. Todas las esferas de su vida se deterioran. Tiene dos opciones: O consumir, ya sin placer, de modo repetitivo e incansable, o la segunda, el terror de la abstinencia.

Este período puede durar más o menos tiempo y puede no detenerse si nada sucede.

De este modo, se está frente a un cruce de caminos: Por un lado, continuar con el consumo, que, a pesar de ser horrible, al menos es algo conocido; por otro lado, afrontar las situaciones, con la incertidumbre que genera lo desconocido.

Dos opciones que pueden llevar a dos sitios bien diferentes. El primero, continuar con lo mismo, con un resultado asegurado, que es la pendiente del consumo desencadenado. El segundo, un camino nuevo, de trabajo y esfuerzo.

(Taller basado en el capitulo 3 del libro Querer no es poder, de Washton y Boundy. Ed. Paidós. Madrid 2011)