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Testimonios

Experiencia drogadicta a la cocaína

Mi experiencia con la cocaína

By Blog, Testimonios

Me introdujo al consumo de cocaína mi pareja. Al principio, empezamos a tomarla unas pocas veces al año con un grupo de sus amigos. Todos los del grupo eran consumidores y la coca era uno de los vínculos más fuertes del grupo. Dos de ellos la consumían diariamente y el resto del grupo alguna vez por semana, invitados por aquellos que eran más adictos. Nosotros sólo nos reuníamos con ellos muy de vez en cuando, en fiestas señaladas.

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La historia de Georges Gay

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Georges Gay, ex paciente de CITA, actualmente es actor i modelo acaba de sacar un libro. Nos explica su historia con el consumo de las drogas y cómo logró salir de este infierno.

Pincha aquí si quieres leer la entrevista completa.

jeringuilla

Dos mensajes sobre drogas en las redes

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El primer testimonio es un mensaje, que se ha viralizado en las redes, de un joven en tratamiento por dependencia a la marihuana:

‘Mi padres siempre me dijeron que la droga mata, sin embargo veía tantos chicos fumar marihuana y ninguno se moría. Pero eso sí, veía que mis amigos, cuando fumaban, empezaban a reírse y a divertirse. Ellos te dicen: ‘lo que mata es el cigarrillo de tabaco, por eso yo fumo marihuana’.

Pregunto a los que fuman si es verdad que el porro es peligroso. Voy directamente a la fuente, o sea a los que fuman, y me responden que no, que ‘son mentiras, relaja, te divierte y te sentís bárbaro’.

Ante esta certeza, los padres también se dejan convencer. ‘Lo hacen todos, fuman en todos lados, te hace estar bien, es un pasatiempo.’ Con este panorama los padres quedan sin armas. Y encima, si dicen que no, parece que estuvieran en contra de la sociedad y, si muestran su preocupación a otros padres, es probable que estos no les vuelvan a dirigir la palabra, porque el hijo de ellos se puede contagiar.

Mis amigos seguían convencidos de que fumar no te causa ningún problema y me convencieron. Y estaba bueno, porque me gustaba hacerlo. Aunque después empezó a haber problemas en mi casa. En mi familia me decían que no se me podía hablar, que reaccionaba mal, estaba más irritado. Es que no quería que se metieran en mis cosas, yo con la marihuana encontré la tranquilidad que necesitaba.

Tenía unos problemas en el colegio que no me dejaban dormir, y con el porro estaba bien. Hasta mi novia me dejó, pero ya no me importaba nada. Dejé de ir al Club, y estaba con mis amigos del porro inclusive en los horarios que tenía que ir a la escuela. Mi mamá se enojaba porque a casa iba sólo a comer y a encerrarme en mi pieza. Juan, mi amigo que nunca consumió, dice que yo sentía que estaba bárbaro, porque no me daba cuenta de la realidad.

La marihuana altera lo que yo percibo o lo que capto de las cosas y veo una realidad diferente al que no fuma. Según el nivel de marihuana que tenga en mi cerebro, proyecto, vuelo, medito sobre mi vida. Me hacía unos castillos fantásticos, en el aire, pero después no concretaba nada.

Y cambiaba mis proyectos semana a semana, año a año, abandoné la escuela. En realidad, me costaba estudiar, me pasaba horas sobre la misma página del libro, y me costaba memorizar, empezaba a olvidarme algunas cosas.

Yo pensaba que la manejaba, que estaba más de cinco días sin fumar y no me pasaba nada. A esto, mi amigo me respondía que, como la marihuana queda depositada en el cerebro, se hace una reserva de cannabis. Entonces, siempre tenía una dosis diaria, por lo que la abstinencia o el nerviosismo, el enojo, la ansiedad y esas cosas que te pasan por no fumar no aparecían. Recién ocurren a los 10 días más o menos.

Luego supe que si uno fuma muy seguido, se tarda como un mes en desintoxicarse totalmente. Es increíble, puedo pasar 3 semanas sin fumar, y en cambio el análisis de orina sigue dando positiva a tetrahidrocannabinoides (cannabis-marihuana).

Hoy tengo 24 años y estoy en una comunidad terapéutica. Mis padres, cansados de que yo siga ‘vegetando’ y no concluyendo nada, me internaron. Yo me negué siempre, y decía que era mayor de edad. Ellos me plantearon que si elegía seguir con la misma vida, no me iban a mantener más. Y yo en ese momento no tenía manera de conseguir ningún trabajo, porque no terminé nada. Y las changas que conseguía no me alcanzaban para alquilar nada ni mantenerme.

Entonces accedí. Pensé: ‘No tengo para alquilar o comer, me quedo en un centro de rehabilitación, así lo dejo tranquilos por un tiempo y me dejan de joder’. Pero a las semanas de dejar el porro empiezo a tomar más conciencia de la realidad, y cuando miro para atrás me doy cuenta de cómo me engañé por tanto tiempo.

A veces me siento como un estúpido, infantil, que llora por su mamá o por una pequeña frustración, parece que todavía tuviera 14 años, que hubiera dejado de madurar el día que me enganché y me enamoré de la marihuana.

No aprendí a resolver problemas, no aprendí de las experiencias, todo tapaba con un porrito. Entre el alcohol y la marihuana, que me planchaban tanto, a veces tenía que enchufarme un poco con cocaína. Eso sí, a veces me asustaba, porque terminé en el hospital porque el corazón parecía que se me salía del pecho.

Cuando entré al centro de rehabilitación no me quería quedar porque había varios chicos chapita-chapita, y yo era sólo marihuanero. Pero después supe que empezaron como yo, enamorándose del porro. Escuchaban voces (alucinaciones auditivas), hablaban solos y no coordinaban mucho lo que decían, a pesar de estar ahí desde hace varios meses sin consumir drogas.

La marihuana en algunas personas desencadena una psicosis (no tener contacto con la realidad, entre otras cosas), en algunos mejora con medicación si no fuman más marihuana y, en otros, lamentablemente no se recuperan más de su enfermedad mental, y se diagnostica una esquizofrenia.

Para entender un poco mejor empecé a leer, y supe que las drogas estimulan la liberación de una sustancia (neurotransmisor) que se llama dopamina. Esta sustancia estimula una zona del cerebro, que se llama Centro de Recompensa, dando como resultado una sensación de placer. La persona quiere repetir esta sensación, aumentando la frecuencia y la cantidad del consumo, siendo muy difícil decir que ‘no’ a eso que le da placer, y encima ‘lo hacen todos’.

A medida que se aumenta el consumo, las neuronas se acostumbran, se van adaptando al nuevo invitado químico, produciendo cambios en sus estructuras, con el tiempo, y posteriormente se hace muy difícil o imposible dejarlo.

Por eso se dice que la adicción es una enfermedad, ya que intervienen mecanismos biológicos, no sólo psicológicos y no se cura sólo con la voluntad. El Centro de Recompensa es también estimulado por la comida, el agua, sexo, deporte, entre otras cosas. Pero el placer llega más lento que con la droga. Esta es la propiedad mágica de la droga, que hace sentir placer inmediatamente, y cuanto más rápido se logra este efecto, más adictiva es, o sea más riesgos se corren de no querer abandonarla. Uno se enamora, se casa, y lo más triste es que no te podes divorciar’.

Y el diario El País, en su versión online, recoge también la opinión de un lector:

‘En estos días, 53 países se reúnen en Viena para hablar sobre un asunto que cada año quita la vida a 200.000 personas. Me refiero al consumo de drogas. Un negocio que genera millones de euros a costa de la vulnerabilidad de los seres humanos.

Unas cifras aterradoras que invitan a la reflexión, a pensar y meditar sobre los programas de prevención, tratamiento y rehabilitación. Resulta inadmisible cómo las drogas roban infancias, destruyen familias y anulan historias aún por escribir.

Pero de nada sirve anclarse en el dato y mirar hacia otra parte. La filosofía ha de convertirse en teoría, y ésta en hechos.

Hemos de actuar, y cuanto antes. Señores políticos: aprueben normas que endurezcan este tipo de hechos, cambien la ley, sean intransigentes con la gente que gana con la desgracia del prójimo. Porque es ahí, en el negocio, donde está el germen.

Da igual si es coca, éxtasis o LSD. Es nuestro deber ayudar y aportar. Intentar erradicar esta lacra que un día puede llamar a nuestra puerta. Seamos conscientes, empáticos, eduquemos en valores y tengamos compromiso social’

David Cifuentes Galicia (Valladolid)

cita dosrius

Testimonio de un paciente anónimo

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No sé si me recordarás. Ingresé en tu clínica hace ya un tiempo. Fue el último recurso de unos padres asustados que quisieron intentarlo una vez más.

Terminé el tratamiento e intenté reanudar mi vida. Pero como siempre, tan complejo todo, que no sabía por dónde empezar. Por supuesto, que tuve problemas.

En la última reunión, de veteranos que asistí, pedí a un compañero trabajar con él, no recuerdo el motivo que me empujó, pero probablemente me inquietó más la idea de trabajar con alguien distinto, que el hecho de aprender a sostener mi vida.

Desde aquel entonces hasta hoy, han sucedido muchísimas cosas, 1000 milagros. Cualquier persona cuerda, querría leerse mi vida ya que erizaría su piel.

A todo esto, el principal motivo de este escrito no es fanfarronear, sino agradecer. Agradecer y agradecerte, que lo que tú creaste en tu día, salvó mi vida. Gracias a todo, a todo ello, hoy soy Papá, un gran hombre y muy, pero que muy feliz.

Mi mas sincera y eterna gratitud a ti y a tus logros, ya que gracias a todos ellos, convertí mi pasaje por la vida en una epopeya.

Gracias, gracias y más gracias

manos abiertas

Testimonio de un paciente de Clínicas CITA de anfetaminas: Caer y levantarse

By Blog, Testimonios

Caer y levantarse. Como en una batalla. Porque la guerra no ha acabado. Y aún no está perdida.

He vuelto a CITA, de recaída, por un exceso de confianza y porque la dureza de la realidad no me puso las cosas fáciles.

Yo tomaba un medicamento para la hiperactividad bajo la prescripción médica, pero para contener mi dolor fui incrementado las dosis hasta límites peligrosos para mi salud y mi cordura. Tras un ingreso en CITA salí con el propósito de no volver a consumir, pero el exceso de confianza y el regreso a la soledad y a los problemas emocionales me hizo flaquear. ¿Qué me daba el consumo? Paz. Y disminuía el dolor insoportable que sentía. Hasta que la paz se convirtió en más dolor, más soledad y más angustia.

Ahora he vuelto a CITA más dócil, más humilde, más asustado, y con menos urgencias. Durante el anterior ingreso desoí el consejo de darme más tiempo, de resolver hasta donde pudiese mis problemas antes de volver a mi vida de cada día, pero las ganas de volver a casa, mi confianza en mis posibilidades y mi fantasía de que todo iba a resolverse positivamente precipitaron mi salida en falso y mi vuelta al consumo.

Ahora no me he puesto fecha ni urgencias. Si yo no estoy bien no estaré en condiciones de buscar la mejor solución y mantenerme abstinente. Y sin la abstinencia me pongo en peligro a mí y a quienes quiero.

Así que me enfrento a mi adicción como a una guerra: con valor, con esperanza, con respeto, con estrategia y con confianza.

alcohol

Aprender a conectar mis pensamientos con mis emociones (Testimonio ingresado en Clínicas CITA)

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Por la mañana, a las ocho, he hecho una sesión de yoga. Esto de comenzar la mañana haciendo ejercicio es de las mejores costumbres que he adquirido en CITA. Enfrentas la mañana con mejor humor y con más satisfacción.

Por la mañana, he asistido al taller con Marta sobre lenguaje corporal. Después, tocaba socio-terapia con Andrea. Después del almuerzo, he tenido una entrevista con Santi. Muy interesante, como siempre.

Hemos tratado el tema del ideal, de la auto-exigencia, de mi hartazgo, y de mi alcoholismo… Son temas distintos que yo tiendo a mezclar. Y esto es un error. Mi hartazgo llegó por mi falta de deseo y esto desembocó en mi alcoholismo. El ideal y la auto-exigencia son algo más profundo, algo aprendido. Ambas cosas me hacen poner el foco en mis incapacidades, rechazando poner de relieve todo lo que hago bien. Y esto me frustra. Es imposible llegar a todas las cosas. Hay que asumirlo y quedar advertido, porque mi forma de ser siempre me lleva a este estado. Hay que tratar de hacer las cosas ben, pero no castigarse por aquello que no hacemos bien. Nadie lo hace todo bien. Esto yo lo llevo sobre todo a los terrenos que más me importan en la vida: mi familia y mi trabajo. En el caso de la familia, entablo una competición con mi mujer para ver quien lo hace mejor en casa. En el trabajo, busco la satisfacción de los clientes, incluso en temas que no tienen nada que ver conmigo. Y hay que estar atento a estos mecanismos.

He tenido también terapia con Xelo. El tema tratado ha sido el de la culpa. La culpa que siento tiene que ver sobre todo con los niños. Que ellos me hayan visto borracho y que haya conducido borracho con ellos en el coche es lo que realmente me remuerde la conciencia y lo que más me pesa. También puede aparecer la culpa como un sentimiento de traición a mis principios; por ejemplo, en la sensación de haber traicionado mi idea de ser padre al ponerme y ponerlos en riesgo al conducir. Según Xelo, ahora puedo tomar conciencia de estas cosas porque tengo tiempo para pensar, no bebo, y conecto mis pensamientos con mis emociones. Anteriormente no lo hacía y funcionaba como un autómata.

chica con mochilas

Aquí se queda un pedacito de mí (Testimonio de una paciente alcohólica)

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Yo siempre digo: ‘Año nuevo, vida nueva’. Este año lo he conseguido.

Yo creía que tenia una vida al lado de mi amiga la botella, qué equivocada estaba. En realidad, me estaba destrozando a mí y a los demás. Eso no era vida.

Me costo mucho tomar la decisión de ingresar en CITA.  Lo iba posponiendo: que si pasadas las navidades, que si después de fin de año… Pero el día después de mi cumpleaños decidí dar el paso. Recuerdo que fue el viaje más corto de mi vida. Cuando crucé la frontera, me dije: ya no hay vuelta atrás. Llegue a Dosrius acompañada por mi madre, mi hermana y mi marido, y solo veía las señales indicando el camino a CITA. Comimos en un restaurante y después subimos a la clínica. Venía enfadada, rabiosa , triste y frustrada. Estaba nerviosa por saber a dónde iba , a quién me encontraría y, en definitiva, cómo sería todo aquello. Sólo bajar del coche, me tropecé con un perro llamado Groucho y se me dibujo una gran sonrisa en la cara. Fueron unos segundos, pero por un momento me sentí aliviada y contenta, porque tengo un perro de la misma raza.

Al llegar un viernes, el 16 de enero, durante aquel fin de semana pude conocer al grupo. Vine aquí centrada en mi misma, hermética y gritando a los cuatro vientosque yo aquí no venía a hacer amigos.

Poco a poco, fui entendiendo la dinámica de los talleres y cada día daba un paso más. Ahora echo un vistazo atrás y me veo, en el taller de teatro, tensa, callada y observando sin actuar. Pero semana tras semana fui desinhibiéndome y, gracias a este taller y a su terapeuta, ya no sufro la vergüenza y el miedo a ser juzgada por los demás. Gracias, Kary.

Y qué decir del taller de escritura creativa, donde he plasmado en el papel recuerdos del pasado que creía olvidados. Qué bonito es poderlos escribir. Gracias, Mari Carmen.

Aunque todavía tengo miedo a montar a caballo por una caída que tuve hace años, Checho me dio la confianza suficiente para volver a hacerlo. ¿Y quién sabe? Quizás vaya a repetirlo, dado que lo peor ya pasó.

Como si de una aventura se tratara, he vivido momentos fantásticos en el taller de lectura, sumergida en historias del pasado que se reflejan en el presente y que seguirán reflejándonos en el futuro. Gracias, Chelo.

He compartido mi vida en el taller de psicoterapia y, aunque me costó confiar al principio, ahora me siento como pez en el agua. Gracias, Carmen.

He estado acompañada y guiada en este camino por una mujer chiquitita de aspecto pero una profesional tan grande como la copa de un pino y con la que cada día aprendes, ya sea en prevención de recaídas o en socioterapia, una mujer que te hace entender el aquí y el ahora y sin la cual CITA no sería lo mismo. Anais, solo puedo decirte ‘chapeau’.

Estoy también agradecida a una mujer de los pies a la cabeza, una mujer con la que entré en confianza enseguida, una mujer entrañable con la que he aprendido, he llorado he reído, he hecho el duelo de mi padre, he aprendido a decir no, etc. En definitiva, he aprendido a volver a sentir. Muchas gracias, Kary. Te Quiero.

Quiero darles también las gracias a mis compañeros por haberme escuchado y haber compartido momentos inolvidables. Os llevaré siempre en mi corazón. Quiero también agradecer a mi marido Josep, de quien me he vuelto a enamorar, el hecho de haberme apoyado en este tratamiento. Gracias también a los demás socios, en especial a Núria y a Adrián, con los que las tardes se me han hecho más amenas.

Quiero dar las gracias, por la paciencia que han tenido conmigo, a las mujeres de la limpieza, a las cocineras, al personal de mantenimiento, al personal de administración, y a las enfermeras y médicos. Me voy de aquí con un sinfín de emociones, de experiencias, de sentimientos, y con amigos de verdad. Pero también se queda aquí un pedacito de mí. Me siento contenta, valiente y renovada por completo. Sé que me queda trabajo por hacer, pero ahora puedo decir que estoy viva, ahora puedo decir que tengo vida.

Muchas gracias a todos. Nunca os olvidaré.

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Un testimonio de Clínicas CITA: Mis objetivos, mis sueños

By Actualidad, Blog, Testimonios

‘Si no sabes dónde vas, no sabrás cuando has llegado’

Objetivos intermedios (concretos, medibles y realistas)

Elijo estos objetivos porque están relacionados con mi malestar. Las fuentes de mi malestar son: vacío ante la falta de perspectivas e ilusiones, y frustración por no conocerme suficientemente, por no saber exactamente qué me hace feliz, cuál es mi vocación, cuál es el sentido de mi vida, qué siento en cada momento.

Añado a los objetivos el deporte, como una herramienta promotora de la buena salud, la constancia, el sacrificio y la disciplina.

1º Conocerme mejor: descubrir mi verdadero yo (acercarme a ello)

Todos los días trabajo en soledad, pensando y escribiendo al respecto.
Apoyos: Mi motivación para trabajar este aspecto.
Obstáculos: A veces me atasco. Tiro de un hilo que no es el correcto o que es una cuestión menos crítica. Cuando esto suceda, debo reposar el asunto, hacer otra cosa, reflexionar con serenidad y esperar a ver una nueva luz con la que explorar.

2º Ser más consciente.

Hacer yoga y meditación tres veces por semana.
Apoyos: Sé que me hace bien.
Obstáculos: A veces no tengo ganas.

3º Deporte con regularidad: correr o caminar todos los días

y abdominales todos los días.
Apoyos: Siempre he hecho deporte. Me gusta.
Obstáculos: Falta de disciplina para tener un horario fijo.

Sueños (Objetivos a largo)

Casa

Vivir en un lugar en el que me sienta bien: con mar, montaña cerca, sol, sin excesivo estres, una casa con mucha luz y que sea grande, un lugar dinámico culturalmente, con posibilidad de conocer gente nueva…

Amor

Sin prisa, dejando actuar a la serendipia; cruzarme con una mujer que no será perfecta, que tendrá (como todos, como yo) algunos defectos, pero que me complementará, con la que compartiré cosas y construiré un proyecto de vida en común.

Trabajo

Un proyecto profesional enriquecedor intelectualmente, que me permita liderar proyectos ambiciosos, desafiantes y que incluyan un componente social.

Ocio

Dedicar mi ocio a cosas nutritivas (leer, pasear, cine, viajar, deporte…) Cultivar a mis amigos. Conocer nuevas personas. Escuchar. Aprender de la gente. Recibir clases de cosas que me apetezca hacer: aprender a tocar la guitarra, recibir clases de catalán…)