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Hoy en el blog de CITA (Centro para la Investigación y el Tratamiento de adicciones) os ofrecemos un cuento terapeutico sobre la comodidad, la incomodidad y el significado de cada una de ellas.

Hoy en el blog de CITA (Centro para la Investigación y el Tratamiento de adicciones) os ofrecemos un cuento terapeutico sobre la comodidad, la incomodidad y el significado de cada una de ellas.

Hola a todos:

Aquí tengo al fin a Juanito…
– Bienvenido, sabiondo colega, ya te echaba de menos. Uno al final se acostumbra a que lo dejen como un tonto, le coges el gusto. El caso es que me gustaría charlar acerca de algo incómodo, y ese algo es la misma incomodidad. Mi pregunta es: ¿Por qué tan a menudo hay que estar haciendo cosas que a uno no le apetecen? ¿Por qué cada día hay esos momentos difíciles donde uno siente mal?

– Mmmm, ya veo amigo. Tu siempre separando lo que está unido.

– ¿…?

– Imagina que Dios tiene dos manos: la una sujeta y la otra corta. Juntas trabajan y crean, no están separadas (aunque a simple vista lo parezca). Lo cómodo y lo incómodo, lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo, lo frío y lo caliente, etc…, parecen también separados, pero no lo están. Cuando nos defendemos de lo que no nos gusta, lo hacemos también de lo que si nos gusta. Por ello, en vez de vivir, reducimos nuestra existencia a pensar en cómo debiera ser para que sólo hubiera lo bonito.

– Eso no contesta a mi pregunta inicial: ¿Por qué tiene que ser así? ¿A Dios le “pone” que nos las pasemos emocionalmente putas? ¿No hay otro sistema algo más suave?

– Amigo mío, Dios no habla con palabras. Sin embargo, cuida de ti todo el tiempo justamente con este sistema del que tanto te quejas. Ahora nos habla con sensaciones, y gracias a ello seguimos vivos. Por ejemplo: Como el frío es una sensación desagradable, me abrigo. Como el hambre es también desagradable, como. Del mismo modo, lo incómodo nos moviliza para encontrar lo cómodo, pero para poderse movilizar hay que atreverse a sentir lo incómodo

– ¿Ahora te has vuelto partidario del sufrimiento? A mí no me gusta sentir incomodidad y creo que a nadie le gusta. Insisto, ¿es necesaria?

– Rotundamente sí. ¿Hacemos una prueba? Durante esta semana, haz aquellas cosas que postergas porque te incomodan. Observarás que tras acometerlas, algo nuevo sucede. Es como si, tras esa acción, hubiera escondido un regalo para ti, y la propia incomodidad actúa como una boya señalizadora para orientarnos. La incomodidad es la llamada y, cuando aparece la comodidad, es la respuesta de “sí…, era eso”

PURIFICADIOS

Tuve un extraño sueño en el que organizaba un casting de aspirantes a Dios. Resultaba que el Dios actual, aunque aparentemente se lo curraba, se lo montaba fatal. Todo estaba muy limpio, pero olía muy mal; todo estaba ordenado, un orden centesimal. ¡¡¡Fenomenal!!!

Era como aquellas casas donde todo está impoluto, siempre que no muevas nada. Todo es perfecto y tiene mucha fachada, aunque dentro no suele haber nada. Y, para perpetuar el intento de mantener perfecto el evento, en vez de rezar se limpiaba. ¡¡¡Nada pasaba!!!

Aquel Dios montó una tienda de lavadoras y un servicio de lavandería cuyo eslogan decía: Acérquense a mí cada día, vengan a mi lavandería. Y la gente lo hacía. Era Dios, y uno obedecía. Y, aunque todo lucía limpito, solamente lo parecía. ¡¡¡No servía!!!

Purificadios se llamaba y su credo rezaba: Si limpio parece, la mugre no crece. Si vives ordenadamente, llevarás una vida decente. Y si te pareces a mí, tararí que te vi. Claro que nadie te explicaba el origen de lo que su mandato ordenaba. ¡¡¡Y todo el mundo limpiaba!!!

Purificadios defendía la normalidad, y ésta consistía en purificar todo lo que no se parecía a su realidad. Y, en vez de vivir cada uno extendiendo su peculiaridad, inventó una palabra, la palabra moralidad, que significa igualar la mentira y la verdad. ¡¡¡Qué barbaridad!!!

Como lo que es sigue siendo, lo que yo no entiendo es la utilidad de untar con maquillaje una realidad que se encaje en su supuesta verdad. Y, como yo, mucha gente protestaba de repente gritando: “Basta ya de limpiar, tenemos también derecho a ensuciar” ¡¡¡Te vamos a echar!!!

Purficadios se llevó un despido improcedente y también una indemnización indecente por sus servicios prestados. Se marchó de vacaciones con su kit de limpieza, mientras nosotros, sin pereza, montamos las elecciones. ¡¡¡Olé nuestros cojones!!!

Claro que, tratándose de lo divino, no se llaman elecciones sino un casting muy fino que tiene en cuenta los dones para tan alto destino.

EL CASTING

– ¿Nombre?
– Refrigeradios.
– ¿Y cual es su propuesta?
– Verá, yo propongo congelar a todo el mundo. Como no se podrán mover, se estarán al fin quietos y no harán cosas malas.
– Ya, ni buenas tampoco… El siguiente. ¿Nombre?
– Igualadios.
– ¿Y qué sabe hacer?
– Yo confeccionaría un saco oscuro con el que cubriría a las personas. Así, al no haber diferencias, no habría nada de lo que discutir. ¡¡¡Cuanta paz!!!, ¿no?
– Huuuy, qué aburrimiento. Nada, nada. El siguiente. ¿Nombre?
– Ilusionadios.
– ¿Habilidades?
– Yo les contaría todo tipo de mentiras. Eso sí, mentiras de cosas que sucederán el día de mañana. Así, esperando y esperando, les tenemos quietecitos.
– Mmmm, no me vale. A ver, otro. ¿Nombre?
– Enamoradios.
– ¡¡¡Huy!!! ¿Y qué hace usted?
– Yo les aumentaría la capacidad de enamorarse. Que se pasen toda la vida enamorándose tanto y de tantas personas, que la complicación no les deje indagar donde no deben.
– No me convence. ¿Nombre?
– Divertidios
– ¿Habilidades?
– Hay que darles sólo cosas divertidas…
– No. Siguiente:
– Me llamo Esperanzadios y propongo decirles: “Todo irá bien y cosas así, aunque sea mentira”
– No
– Yo soy Enfrentadios y soy defensor del conflicto, etc.
Muchos aspirantes después…..
– ¿Nombre?
– Pecadios.
– ¡¡¡Ostras!!! Qué novedad. Pecadios…, ¿y usted qué sabe hacer?
– Yo sólo sé pecar.
– Mmmm, interesante. Y, ¿de qué nos sirven sus pecados?
– Mis pecados son el camino.
– ¿El camino? ¿Un buen Dios no debe ser mas bien una meta?
– Un buen Dios debe ser amor. Y, ¿dónde hay más amor esperándote: en una lejana meta o en acompañarte por el camino?
– Mmmm, visto así. Pero, si usted utiliza el pecado, todos lo utilizarán. Y luego no sería justo que les condenara al infierno.
– El amor no condena. Y ese infierno del que habla no existe. El verdadero infierno es negarse a pecar, ya que eso es negarse a vivir.
– ¿Pecar y vivir es para usted lo mismo? Usted, más que un aspirante a Dios, es un ¡¡¡terrorista espiritual!!!
– No, hombre, no. Verá, si el cielo es la meta y vivir es aprender, resulta lógico equivocarse. Como ustedes a equivocarse lo llaman pecar, pues…..
– Entonces, ¿usted qué propone? ¿El método pecador o algo así?
– Oiga, para entrevistar aspirantes a Dios es usted un poco tonto, eh…No, lo que propongo es escuchar humildemente lo que instintivamente sentimos, no compararlo con nada que suene en el mundo y vivirlo a sabiendas de que a menudo nos equivocaremos. Eso es aprender.
– ¿Y la moral? ¿Y las buenas costumbres? ¿Y la tradición?
– ¡¡¡Ese es el infierno!!!, ¿no lo ve? Si vivimos en un mundo lleno de guerras, armas, codicia, brutalidad, etc…, y llevamos miles de años practicando este desastre, ¿por qué lo seguimos defendiendo? Si vivir armados hasta los dientes no nos ha traído la paz, ¿por qué seguimos fabricando armamento? Si la mayoría de matrimonios acaban desestabilizando al individuo, ¿por qué lo llamamos pareja estable? Si resulta tan difícil trabajar en lo que a uno le gusta, ¿por qué engañamos a los niños diciéndoles que estudien?  Créanme, hay que empezar de nuevo. Como un niño que por vez primera se atreve a caminar. Se caerá, se levantará, volverá a caerse. Al final, andará sin que nadie le haya explicado cómo.
– Teniendo en cuenta los pros y los contras de todos los candidatos, el elegido como próximo Dios del universo y de lo que más haya ahí, es Acomodadios. Si bien es cierto que no entendemos nada, al menos estamos cómodos, caray.

MORALEJA:

Si verdad sólo hay una pero no te gusta, te inventas una mejor.
Si esa verdad mejorada no funciona, te sientas en tu sofá, te quejas y esperas.
Si por mucho que esperes, nada cambia, asegúrate de encontrar culpables.
Si se acerca tu muerte y sigues esperando que el mundo cambie, tranquilo, no estás solo.