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La metilendioxipirovalerona es una droga psicoactiva con potentes efectos estimulantes. En 2004, se empezó a sintetizar como droga de diseño. Se la conoce popularmente como ‘droga caníbal’. Hace unos años han empezado a venderse sales de baño que contienen esta peligrosa sustancia.

droga caníbal

Actúa como un estimulante y sus efectos son parecidos a los de la cocaína y las anfetaminas. Entre sus posibles efectos agudos, podemos citar: taquicardia, hipertensión, insomnio, nauseas, bruxismo, mareos, agitación, confusión, delirio, ansiedad, conductas violentas, o acciones y pensamientos suicidas. Provoca también un aumento de la temperatura del cuerpo, lo que explica que muchos de sus consumidores acaben desnudándose.

En los consumidores, los síntomas psiquiátricos pueden persistir y los síntomas físicos pueden derivar en convulsiones e insuficiencia renal, respiratoria y hepática.

Es una sustancia consumida porque produce euforia, aumento de la vigilancia y de la conciencia, aumento de la energía y de la motivación, aumento de la excitación, estimulación mental y aumento de la concentración, aumento de la sociabilidad, efectos afrodisiacos y disminución de la necesidad de alimentos y de sueño.

A pesar de ser conocida como la ‘droga canibal’, los efectos de la metilendioxipirovalerona no llevan a sus consumidores a tener episodios de canibalismo. La única forma de atajar sus efectos es intentar contrarrestarlos con fármacos como el valium. Aunque esta sustancia es más consumida en los países nórdicos, se han detectado intoxicaciones por su consumo en nuestro país, sobre todo en Mallorca e Ibiza. El gramo de droga caníbal puede llegar a venderse por unos 200 euros. De ese gramo pueden obtenerse entre 50 y 200 dosis que se venden a dos o tres euros cada una. Se consume esnifada, inyectada e ingerida.

About the Author: Dr. Josep Mª Fàbregas

Especialista en adicciones y director psiquiatra del centro de adicciones y salud mental Clínicas CITA. Inicié mi carrera profesional en el Hospital Marmottande París, donde trabajé con el Profesor Claude Olievenstein. Posteriormente me trasladé a Nueva York y, tras varios años de experiencia profesional, en 1981 fundé CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones) con el objetivo de desarrollar un modelo de comunidad terapéutica profesional, el cual lleva 32 años en funcionamiento.