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Muchas personas no tienen sólo una adicción sino un conjunto de adicciones. En efecto, algunas adicciones parecen ir juntas. La adicción al sexo a menudo se asocia con el abuso de alcohol y drogas. De manera similar, los anoréxicos y los bulímicossuelen tener la adicción a hacer ejercicios físicos. Algunos gastadores incontrolados son adictos al trabajo, y los jugadores con frecuencia comen en exceso. Una adicción parece fomentar la otra.

Tal y como están comprobando cada vez más personas, poner fin a una adicción no “cura” automáticamente las demás; de hecho, suele producir el surgimiento de otra nueva. En los centros de desintoxicación lo vemos cada día. El problema no siempre radica en el elemento alterador del estado de ánimo en sí. Durante mucho, demasiado tiempo, hemos culpado a las drogas mismas por la drogadicción. Quisimos creer que con sólo librarnos de las drogas –haciéndolas inaccesibles-  se resolvería el problema. Pero el hecho de que nos estemos haciendo adictos a actividades que no incluyen el uso de productos químicos, como las compras, el trabajo o la televisión, demuestra que no puede ser únicamente la acción química de una droga lo que nos causa adicción.

Tampoco podemos seguir considerando que la adicción es causada exclusivamente por el deseo de evitar la abstinencia. Esa concepción dio origen a los programas de desintoxicación breves, en los que se hacía que los pacientes se abstuvieran de ingerir drogas y a los pocos días se los enviaba a casa “curados”. Se pensaba que lo único que tenía que hacer un adicto era dejar de usar la droga y completar el proceso de abstinencia, y que con eso habría superado la adicción.

Pero recuperarse de una adicción demanda mucho más que simplemente interrumpir la conducta habitual. Tiene relación con cambiar de estilo de vida y de actitud más que con ninguna otra cosa. Por estilo de vida nos referimos a qué visión del mundo tiene (su sistema de creencias), cómo enfoca los problemas y en qué grado es capaz de satisfacer sus necesidades emocionales, sociales y espirituales. En otras palabras, cuando nos liberamos de una adicción será tan sólo para caer en otra –o reincidir en esa- a menos que comencemos a cambiar el modo en que vivimos.

Todas las adicciones –por más distintas que parezcan a simple vista- tienen más puntos en común que diferencias entre sí. Son diferentes versiones del mismo fenómeno. En otras palabras, es todo una misma enfermedad.

¿Cuál es entonces el denominador común en cada caso de adicción? No es una sustancia química en particular, ni el hecho de que ésta ocasione síntomas de abstinencia, ni el modo en que afecta al cerebro. Todos estos factores varían considerablemente de una adicción a otra. Pero lo que está presente en todos los casos de adicción ¡es el adicto!. Es nuestro mal-estar interior –nuestro desasosiego- lo que nos hace tan vulnerables a las adicciones y no las sustancias o actividades mismas.  La verdadera causa de la adicciónreside dentro de nosotros.

Por eso es por lo que aún cuando los adictos se vuelcan hacia actividades positivas, como la meditación, el ejercicio físico o la alimentación sana, puede terminar haciendo eso de forma incontrolada también. Las personas que tienen la predisposición a la enfermedad adictiva pueden volverse adictas a casi cualquier cosa. Hasta que no logremos crear un estilo de vida menos adictivo para nosotros mismos (que es un proceso que dura toda la vida), seguiremos siendo vulnerables.

Parte de la circunstancia de tener un mal-estar adictivo significa que albergamos ciertas creencias contradictorias que promueven conflictos y luchas interiores, como creer al mismo tiempo que no somos bastante y que deberíamos ser perfectos. O creer que tendríamos que ser capaces de controlarlo todo, pero sentirnos totalmente impotentes para manejar nuestra vida. Tener un mal-estar adictivo también significa ser incapaz de tolerar la frustración y exigir una gratificación inmediata, carecer de la capacidad necesaria para afrontar las crisis y los procesos comunes de la vida y no contar con suficiente apoyo por parte de otros o de nosotros mismos.

Hay cinco factores principales (además de la predisposición genética en el caso de algunas dependencias de sustancias químicas) que ponen a las personas en alto riesgo de recurrir a una droga o actividad para cambiar de estado de ánimo, de obtener de ella un efecto placentero y de sentirse impelido a repetirlo una y otra vez:

  • Sistema de creencias adictivo
  • Personalidad adictiva
  • Inadecuada capacidad para afrontar las cosas
  • Necesidades emocionales y sociales insatisfechas
  • Falta de respaldos sociales

(Fuente: Querer no es poder, de Arnold Washton y Donna Boundy)

About the Author: Dr. Josep Mª Fàbregas

Especialista en adicciones y director psiquiatra del centro de adicciones y salud mental Clínicas CITA. Inicié mi carrera profesional en el Hospital Marmottande París, donde trabajé con el Profesor Claude Olievenstein. Posteriormente me trasladé a Nueva York y, tras varios años de experiencia profesional, en 1981 fundé CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones) con el objetivo de desarrollar un modelo de comunidad terapéutica profesional, el cual lleva 32 años en funcionamiento.