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A lo largo de la historia, las sociedades han intentado eliminar una droga adictiva u otra (la que fuese más detestable para la cultura dominante) mediante duras medidas punitivas. Algunas veces, estas medidas han sido efectivas, pero si las políticas verdaderamente draconianas pueden funcionar a costa de las libertades fundamentales, seguramente este es un precio que ninguna sociedad democrática quiera asumir.

Por lo tanto, la máxima esperanza de producir un impacto significativo en el problema de las drogas se basa en reducir la demanda y hacerlo de modo paciente y sistemático mediante un planteamiento que consta de dos partes.

La primera consiste en difundir la educación preventiva: continuar y acelerar la tendencia actual hacia una educación en la escuela, honesta y basada en la salud, sobre las drogas adictivas, y deshacerse de los conceptos engañosos de ‘alcohol y drogas’ o ‘nicotina y drogas’, que implican que el alcohol y la nicotina no son drogas, cuando en realidad causan el mayor daño a la salud pública. Además, son ‘drogas puerta’, aquellas drogas que muchos jóvenes consumen primero para progresar después hacia la marihuana, la cocaína o la heroína.

Educar de un modo directo y sencillo sobre los efectos de todas las drogas adictivas, es útil y necesario pero de ningún modo suficiente. Enseñar por qué hay que decir no, es una buena política, así como enseñar a los jóvenes que no deberían consumir ninguna droga adictiva porque, cualquiera que sea su estatus legal, son perjudiciales para la salud y pueden conducir a un consumo incontrolado y a todas las consecuencias de la condición de adicto. Respecto a aquellas drogas que son ilegales, a cada adolescente, según su nivel, se le debe enseñar a respetar la ley, en un contexto en el que aprenda la historia y la base de las leyes sobre las drogas y los mecanismos que una sociedad democrática pone a su disposición para debatirlas y cambiarlas.

La otra parte del planteamiento consiste en hacer que el tratamiento sea fácil y universalmente asequible. Esta es una de las maneras más fiables y efectivas de reducir la demanda de las drogas. El número de centros de tratamiento existentes es pequeño con respecto a la demanda. Y cada día que un adicto pasa en tratamiento es un día de reducción del consumo de droga.

About the Author: Dr. Josep Mª Fàbregas

Especialista en adicciones y director psiquiatra del centro de adicciones y salud mental Clínicas CITA. Inicié mi carrera profesional en el Hospital Marmottande París, donde trabajé con el Profesor Claude Olievenstein. Posteriormente me trasladé a Nueva York y, tras varios años de experiencia profesional, en 1981 fundé CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones) con el objetivo de desarrollar un modelo de comunidad terapéutica profesional, el cual lleva 32 años en funcionamiento.