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Sherry Turkle es una psicóloga clínica y socióloga del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), que investiga, desde hace 30 años, cómo el uso de la tecnología está cambiando la manera de construir nuestra identidad, la relación con nosotros mismos y con nuestros hijos y familiares, y nuestras relaciones sociales y laborales.

Sherry Turkle ya ha escrito siete libros sobre la interacción del ser humano con la tecnología. Fue precisamente impartiendo una conferencia para Google sobre los estudios e investigaciones necesarias para elaborar su penúltimo libro cuando se dio cuenta de la importancia de una frase que algunos de sus entrevistados le repetían a menudo: ‘Prefiero mandar un mensaje antes que hablar’. Entonces ella decidió que era necesario analizar, desde una perspectiva etnográfica, aquella frase. Si realmente la gente prefería mandar un mensaje a hablar, ¿qué implicación en sus vidas tenía este hecho? Para sus trabajos, sus familias, sus relaciones amorosas, o la educación de su hijos? Y allí nació ‘En defensa dela conversación’, su último libro, un ensayo que explica (y defiende) el poder de la conversación.

Pero Turkle no se conforma con hacer apología de la conversación a costa de la tecnología. Una de las principales conclusiones del libro es que esta manera tecnológica de comunicarse, que está sustituyendo a la conversación cara a cara, reduce nuestra capacidad para desarrollar empatía. Por poner un dato: la conversación a través de las redes sociales ha reducido los niveles de empatía de los universitarios norteamericanos en un 45% en los últimos veinte años.

Como dice Turkle, ‘el simple hecho de colocar un móvil encima de la mesa mientras hablamos, un móvil apagado, afecta el contenido de la conversación. No hablaremos de cosas importantes, de sentimientos profundos, de nuestra intimidad, sino que hablaremos de trivialidades, de asuntos superficiales, de los cuales podamos desconectar con facilidad. Aquí radica el problema: no es el mensaje de texto, no es el móvil o la tableta. Es como nos afecta interiormente, cómo nos modifica y cómo cambia nuestras relaciones sociales’

Más cifras impactantes: Los adultos de EE.UU consultan el teléfono cada seis minutos y medio. Los adolescentes envían una media de cien mensajes al día y el 44% de ellos no desconecta nunca. La típica familia americana atiende seis o siete fuentes de información simultáneas durante la comida o la cena. Una encuesta de 2013 demostró que un 20% de la gente de entre 18 y 34 años contestaba el móvil mientras mantenía relaciones sexuales.

De nuevo Turkle: ‘La tecnología nos hace olvidar lo que sabemos de la vida. Sabemos que es esencial que los padres hablen y jueguen con los hijos; sabemos que los alumnos han de escuchar a los profesores en lugar de enviar mensajes en clase; sabemos que los amigos tienen que hablar entre ellos para poder serlo; sabemos que las relaciones amorosas nacen de la intimidad compartida, de la conexión personal; sabemos que el debate público en la universidad, en las aulas, o en la política, es la mejor manera de construir nuestra identidad. La conversación es la única manera de ser humanos. ¿Por qué no lo hacemos más a menudo? (…) Un móvil te permite estar siempre presente, siempre conectado, hasta que ya no te lo permite. Nuestros móviles son también responsables de nuestra creciente incapacidad de estar solos, desconectados. Si no enseñamos a nuestros hijos a estar solos, únicamente aprenderán a ser personas solitarias’

(Fuente: diario La Vanguardia)

About the Author: Dr. Josep Mª Fàbregas

Especialista en adicciones y director psiquiatra del centro de adicciones y salud mental Clínicas CITA. Inicié mi carrera profesional en el Hospital Marmottande París, donde trabajé con el Profesor Claude Olievenstein. Posteriormente me trasladé a Nueva York y, tras varios años de experiencia profesional, en 1981 fundé CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones) con el objetivo de desarrollar un modelo de comunidad terapéutica profesional, el cual lleva 32 años en funcionamiento.