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Cualquier recurso bien usado puede ser terapéutico. En este sentido, algunas películas ofrecen un ámbito de reflexión que nos ayuda a reflexionar sobre nosotros y nuestra relación con los demás. Tras la salida colectiva de algunos pacientes de Clínicas CITA para asistir a una proyección de la interesante “Her”, nació la oportunidad de comentar algunas impresiones que nos dejó la película. En ella no se habla de drogas, pero es difícil sustraerse al retrato que hace de una adicción.

La película HER como tratamiento de adicciones en Clínicas CITA

“Her”, una película sin drogas que habla de la soledad y la adicción

“Her” es una película de 2013, dirigida por Spike Jonze, con guión del mismo director, e interpretada por Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson (voz) y Amy Adams.

En cuanto al género, pude decirse que se trata de un drama romántico de ambiente futurista.

Entre los premios que ha recibido, cabe mencionar: el Oscar 2013 al mejor guion original y otras 5 nominaciones a los Oscar, incluyendo  la de mejor película. Y un Globo de Oro 2013 al mejor guión junto con otras  3 nominaciones.

“Her” radiografía al ser humano de nuestros días, cuando el miedo y la insatisfacción en las relaciones empuja a la comodidad virtual. De hecho, “Her” constituye una reflexión sobre la naturaleza humana y nuestra relación con la tecnología, cada vez más imprescindible y omnipresente en nuestras vidas. Pero “Her” también ahonda en nuestra necesidad afectiva y en las relaciones con los demás, en la búsqueda perenne del amor como eje que dé sentido a la existencia, y, asimismo, es una reflexión sobre los sucedáneos del verdadero amor, sobre cómo llenamos nuestro inevitable vacío existencial y maquillamos nuestro malestar primigenio y esencial.

¿Puede suplir la tecnología la necesidad humana de comunicación y de amor?, se pregunta el film. ¿Puede sustituir una sustancia nuestras necesidades afectivas y de relación?, podemos preguntarnos nosotros.

Porque “Her” es, en este sentido, un relato de soledad y dependencia, una fábula sobre la triste y eterna dificultad humana de compartir la vida con otra persona. Y sobre la tentación de encontrar sucedáneos fallidos. Samantha, el amor virtual de Theodor, es casi perfecta. Hasta que el enamoramiento da paso a la crisis y a la constatación de que estamos ante otra falsa solución a un problema verdadero. Una actitud y una experiencia que reconoce perfectamente cualquier adicto.