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Taller de Prevención de recaídas: Apartarse de la droga. Primera parte.

By 21 abril, 2012enero 28th, 2019Blog, Talleres

Liberarse de una adicción requiere algo más que limitarse a cumplir algunas fórmulas de autoayuda. Significa, ante todo, cambiar el modo en que uno vive. Implica desmantelar el armazón adictivo de la propia vida para crear una estructura diversa en su lugar.

Al elegir la vía de la adicción, el individuo tomó el camino que creyó más fácil y se apartó de otro que lo obligaba a luchar con los sentimientos y problemas que él deseaba eludir.

Ahora, para recuperarse, el individuo tiene que dejar de caminar en círculos y afrontar esos sentimientos y creencias que lo hicieron tan vulnerable a la adicción.

Ahora bien, ¿cómo dejar de caminar en círculos?

Para lograrlo hay que interrumpir el ciclo y eso se alcanza introduciendo una variante en la manera de hacer. Esta variante es dejar de consumir. Es imposible comenzar un camino de recuperación sin romper el circuito adictivo.

La abstinencia es un requisito previo para la recuperación y no su desenlace.

Continuar con la actividad adictiva no hace sino mantener vivo el deseo de consumir y hace inevitable la recaída. Lo único que con el tiempo eliminará el deseo de consumir es la abstinencia total. Si uno continúa consumiendo, aunque sea en ocasiones, estará tan pendiente de ese proceso y sus consecuencias que será incapaz de efectuar los cambios que conducen a la verdadera recuperación.

Ahora bien, una advertencia es necesaria antes de seguir adelante. Las personas propensas a la adicción suelen querer resultados perfectos, y los quieren ya.

Al principio de la recuperación, esto puede llevarlos a pretender mucho y demasiado pronto. Tal vez aspiren a dejar el consumo sin ningún tropiezo, a solucionar instantáneamente todos los problemas que han tenido en su vida durante años, a no tener nunca deseos de volver a consumir, a no recaer y vivir felices por siempre.

La recuperación es un proceso de aprendizaje, como cualquier otro, y hay que contemplar entonces los errores y los obstáculos. Es probable que nos encontremos con caídas en el recorrido, pero se trata de no abandonar el camino, ya que los resultados llegan.

Prepararse para dejar el consumo.

Evitar la negación.

El primer paso es lograr distinguir las consecuencias que provoca el consumo. Una vez distinguidas, debemos dar un paso más, que consiste en poder ver claramente que, a pesar de las consecuencias negativas, la práctica continúa.

Es decir, tenemos las consecuencias y tenemos la imposibilidad de detenerse; si juntamos ambas partes tendremos el montaje de la adicción. Evitar la negación implica poder hacer esa conexión.

Un obstáculo importante para evitar la negación es la auto-recriminación y la culpa que se siente con respecto al consumo. Algunas personas están “empeñadas” en sentirse fracasadas y les resulta difícil abandonar esa identidad.

Decírselo a alguien.

Reconocer un problema en voz alta también ayuda a disipar la negación. Admitir que se tiene un problema de consumo contribuye a reconocer que algo marcha mal en la vida, y esto crea un marco adecuado para tomar decisiones orientadas a la recuperación.

Decidirse a dejar el tóxico.

Un ejercicio muy útil para comenzar a despejar incógnitas es el de los costos y beneficios en relación al consumo.

A partir de poder poner por escrito los costos y los beneficios de consumir, y hacerlo de manera sincera, se pueden ver una cierta cantidad de cosas que a primera vista estaban escondidas. Este ejercicio sólo tiene efectos si la persona realiza un verdadero acto de honestidad consigo mismo.

Intente enumerar todo lo que se le ocurra, sea pequeño o grande, y procure no dejar nada sin apuntar. De este modo, una vez concluido, tendrá delante de sí un mapa bien trazado del problema.

En el lado del coste, considere cómo ha afectado el consumo a sus relaciones familiares, amistades, trabajo, carrera, salud física y mental, autoestima, responsabilidades y actividades recreativas.

Del mismo modo, por el lado de los “beneficios”, intente hacer el listado de manera detallada. ¿Qué es lo que obtiene del consumo? ¿Le ayuda a relajarse? ¿A conocer gente? ¿Elimina la ansiedad? ¿Olvida los problemas? ¿Le ayuda a aguantar el aburrimiento?

Ahora bien, para completar el ejercicio, necesitamos una lista más. Esta tercera lista será sobre lo que usted pretender conseguir, lo que quiere, lo que desea o le gustaría de su vida.

Una vez que tenga estas tres listas, escritas de manera sincera, intente estudiarlas y encontrar relaciones, ideas y preguntas.

Prevea sentirse ambivalente.

Es del todo normal sentirse ambivalente en relación al consumo. Muchos fueron los “beneficios” que le ha aportado el consumo y eso no se olvida de un día para el otro. Reconocer el gusto por el consumo y la ambivalencia que le genera es un paso imprescindible. En ocasiones se escucha “nunca más consumiré, lo tengo clarísimo”. Este argumento suele dejar de lado el componente de deseo que hay en relación al tóxico.

Nivel de compromiso con la renuncia al tóxico.

Es necesario que se tenga muy clara la motivación para dejar la adicción. Hay que preguntarse antes de comenzar si el compromiso es auténtico o superficial. Usted ha pensado en dejar la droga. ¿Otras personas le piden que lo haga y usted busca complacerlas que lo dejen tranquilo o la decisión es suya?

De las respuestas a estas preguntas depende la orientación de todo el proceso. Si verdaderamente el objetivo es dejar las drogas, en ese caso, se deberá estar muy atento a lo que se hace.

La distancia entre lo que se dice y lo que se hace es una buena medida de las cosas.