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En CITA nos gusta brindar testimonios de gente que ha pasado o está pasando por un proceso de desintoxicación o deshabituación con nosotros. Nos gusta pensar que es una forma de brindar un caso de ejemplo a aquellas personas que pudieran estar en un momento de incertidumbre y que necesitan ver una figura reconocible en ese camino que, tal vez, están a punto de recorrer. Empezar un proceso de desintoxicación, sea de sustancias o de adicciones comportamentales, puede ser difícil. A menudo la primera piedra del camino es reconocer, ante sí mismo y ante los demás, que existe un problema y que ese problema necesita ser tratado mediante ayuda profesional.

La escritura, por otra parte, es una de las herramientas utilizadas en el proceso terapéutico dentro de Clínicas CITA. Hoy ofrecemos el testimonio de una despedida. Una carta abierta al dejar la clínica.


 

El momento de la despedida (El final de un proceso de desintoxicación y deshabituación en CITA)

Carísimos míos:

Hace tiempo que no me encontraba en semejante trance. Si supiérais  lo poco amigo que soy de las despedidas…, el momento en que el corazón se deshace a jirones y ni el consuelo del nuevo destino ni la esperanza del mañana pueden esconder sus quejas.

Perdonad a este pobre aprendiz que, incapaz de articular verbo alguno para expresar la emoción que embarga mi partida, quiere dejar paso al lenguaje del alma, allí donde residen los más puros y nobles sentimientos; allí donde, gracias a vosotros, han vuelto a abrirse las puertas del templo sagrado del amor.

¡Gracias hermanos! ¡Gracias por siempre! Llegué con un pesado fardo a cuestas, inhabilitado para moverlo por más intenciones y propósitos cursados. Llegué con la confianza maltrecha, herida en batallas perdidas. Llegué con la desilusión por bandera y sin ganas de vivir como escudo. Llegué triste y abatido, hecho añicos, roto y moribundo, azotado por los golpes duros y certeros de la vida… Pero también, un día llegué  -¡oh dichosa ventura!- para conoceros. Para encontrarme con seres humanos de talla inigualable. Para contemplar atónito aquel rosario de virtudes que, por olvidadas, llegué a pensar desaparecidas.

Y así, un día, a vuestro lado vi caminar a la sensibilidad en forma de amor a los animales. Lo llaman Rigodón o Tobías y en ningún otro palacio podría sentirse más querido. Otra vez, me saludo la santa paciencia en forma de grandullón para susurrarme al oído la canción del “Mañana volverá a amanecer” Y después apareció la alegría y la ilusión con piernas de mujer y llevando entre sus brazos gominolas de colores y chocolates de mil sabores. Y llegó la nobleza y la mansedumbre y la bondad con acento canario, vestida de señor grande y corpulento. Y mi Castilla añorada, de la mano de una generosidad sin límites, quiso también hacer más cortos los días. Pero pidió paso la elegancia y la finura de espíritu con timbre parisino para mostrarme que las grandes obras se construyen poco a poco y significan la suma de pequeños detalles.  Y la comprensión se vestía muchas noches de entretenimiento cuando un hombre, pariente de la perfección, descendía de su mundo de cálculos y estrategias y aplicaba su destreza en el arte de los naipes para satisfacer con alguna película de su repertorio los más variopintos gustos. Y de Marbella me vino el equilibrio, la templanza,  el saber estar, la compañía… Y la humildad, disfrazada de gigante, con voz eslava, acudió también, sin pedir permiso, para mostrarme lo pequeño e insignificante que soy en el espacio mundo.

Y por vosotros, queridos, la amistad profunda, la de hoy y la eterna, volvió a brotar sobre otrora terreno yermo, baldío, casi estéril. Y ahora verdea mi alma contagiada de vuestro aroma amable y sincero…

Hermanos, tantos ejemplos y lecciones me habéis aportado que ya nunca dejaré de pensaros. Vuestro recuerdo vivirá conmigo en lugar privilegiado, guiará mis pasos por las  nuevas sendas, iluminará con su luz las noches oscuras, alegrará jovial los momentos ingratos de tristeza interior. Vuestro recuerdo, caros míos, vivirá en mí porque me habéis marcado a fuego con el sello del amor, indeleble y para siempre.

Hoy me exclaustro para sembrar más allá la semilla que todos y cada uno de vosotros habéis depositado gratuitamente en mí. Hoy me voy con vuestro Tesoro, con el firme propósito de custodiarlo y, sobre todo, mostrarlo a quienes se acerquen con buena voluntad. La misión es ingente y demasiado frágil la carne, pero vosotros me habéis fortalecido. Y ahora, libre de lastres, volaré más alto y llegaré más lejos.

La salida está pronta. Ya escucho el sonido de los motores… Os llevo conmigo y aquí os dejo, lo que de mí, -poca cosa -, os pueda servir. 

Siempre vuestro, M.

About the Author: Dr. Josep Mª Fàbregas

Especialista en adicciones y director psiquiatra del centro de adicciones y salud mental Clínicas CITA. Inicié mi carrera profesional en el Hospital Marmottande París, donde trabajé con el Profesor Claude Olievenstein. Posteriormente me trasladé a Nueva York y, tras varios años de experiencia profesional, en 1981 fundé CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones) con el objetivo de desarrollar un modelo de comunidad terapéutica profesional, el cual lleva 32 años en funcionamiento.