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Las drogas pueden producir múltiples tipos de trastornos mentales y del comportamiento, tanto de los efectos agudos inducidos por su uso puntual como de los efectos crónicos generados con un uso mantenido a lo largo del tiempo.

Entre los trastornos agudos, están incluidos todos los estados de intoxicación o de síndrome de abstinencia ocasionados por cada una de las sustancias.

Entre los trastornos mentales aparecidos a largo plazo, hay que destacar la presencia de trastornos depresivos y la gran prevalencia de tentativas de suicidio y de cuadros clínicos en los que aparecen síntomas caracterizados por la pérdida de contacto con la realidad, como experiencias alucinatorias y creencias erróneas.

Las drogas actúan sobre estructuras cerebrales implicadas en el mantenimiento de conductas con gran valor para la supervivencia de la especie. De ahí que, cuando se ha desarrollado la dependencia, es como si el individuo hubiese guardado en la memoria biológica dicha experiencia, de forma que, aunque hayan transcurridos años desde el último consumo, una nueva administración de la sustancia de la que se depende, hace que se active dicha memoria y la persona experimente un fuerte deseo de consumo, incluso tras haber tomado una única dosis.

Como ejemplo, vale lo experimentado por los ex fumadores. Muchos de ellos, aunque lleven varios años sin fumar, experimentan un importante deseo de fumar tras un solo cigarrillo.

Lo mismo ocurre con los dependientes del alcohol. En estos últimos, el tiempo transcurrido desde su primer consumo de alcohol hasta notar que dependen de la bebida oscila entre diez y quince años. Sin embargo, cuando dejan de beber y tienen una recaída, rápidamente notan un deseo creciente por beber más frecuentemente o en mayor cantidad.

About the Author: Dr. Josep Mª Fàbregas

Especialista en adicciones y director psiquiatra del centro de adicciones y salud mental Clínicas CITA. Inicié mi carrera profesional en el Hospital Marmottande París, donde trabajé con el Profesor Claude Olievenstein. Posteriormente me trasladé a Nueva York y, tras varios años de experiencia profesional, en 1981 fundé CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones) con el objetivo de desarrollar un modelo de comunidad terapéutica profesional, el cual lleva 32 años en funcionamiento.