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Desde Clínicas CITA sabemos que si durante un periodo largo alguien toma una sustancia adictiva repetidamente, la droga será cada vez menos efectiva, de manera que el consumidor necesitará cada vez una mayor cantidad de aquella sustancia para conseguir el mismo efecto conocido. A este fenómeno se le llama tolerancia.

Como rasgo general, los adictos que han generado esta tolerancia pasan a administrarse varias veces la dosis original con la que empezaron a consumir.

Al mismo tiempo, se desarrolla un estado en el que parar de consumir causa trastornos, efecto que se conoce como dependencia.

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Parar de forma brusca el consumo provoca un síndrome de abstinencia, que se alivia inmediatamente si se toma otra dosis de la misma droga. La tolerancia y la dependencia derivan de cambio biológicos en el cerebro.

Si una droga se inyecta en vena, la sangre la difunde rápidamente a todas las partes del cuerpo, incluido el cerebro. Si la droga se fuma, pasa directamente a la sangre en los pulmones y alcanza el cerebro en pocos segundos.

Si se ingiere, una droga ha de ser absorbida por la sangre que pasa a través del estómago o del intestino, desde donde llega al hígado; allí, una parte más o menos importante puede ser destruida y sólo la que queda alcanza a los restantes órganos del cuerpo. Algunas drogas pasan de la sangre a la grasa, dejando menos para el cerebro. Algunas drogas son destruidas por las enzimas en la sangre.

En la tolerancia metabólica, el cuerpo (principalmente el hígado) se adapta a una droga desarrollando una capacidad creciente para destruirla, de forma que una dosis que era efectiva inicialmente cada vez lo es menos. Cada repetición de la dosis inicial proporciona menos y menos droga durante menos y menos veces en los lugares de acción en el cerebro, de modo que progresivamente se necesitan dosis más altas para producir el efecto psicotrópico inicial. La tolerancia metabólica se desarrolla si una droga provoca incremento de producción de la enzima específica que la destruye.

La tolerancia celular se deriva de cambios fundamentales en el cerebro mismo. En contraste con la tolerancia metabólica, que raramente es extrema, esta adaptación del cerebro es responsable de un grado extremo de tolerancia que pueden desarrollar drogas tales como la morfina y la heroína. Las neuronas se adaptan a la droga, volviéndose menos sensibles con una exposición continuada.

Incluso en el momento en que la primera dosis desaparece, repetir esta dosis producirá un efecto ligeramente inferior al anterior, y la dosificación habrá de ser aumentada para obtener de nuevo la intensidad original de la droga. Como las neuronas continúan adaptándose a dosis de droga más y más altas, su función permanece aparentemente normal a pesar de que están siendo bañadas en droga.

En este estado, cuando el efecto psicotrópico de una dosis se ha disipado, queda una considerable concentración de droga, suficiente como para haber provocado al principio un efecto conductual extremo (posiblemente incluso la muerte). La aparente normalidad de la función cerebral enmascara un cambio subyacente que sólo se manifiesta si se retira la droga. El cerebro se ha hecho dependiente de la droga.

El desarrollo de la tolerancia celular tiene un proceso propio. Para una droga dada, hay un intervalo crítico entre dosis. Es el intervalo de tiempo más corto que debe transcurrir antes de la repetición de la dosis que producirá el mismo efecto que la dosis anterior. Con cualquier intervalo más corto se creará tolerancia (y dependencia), de modo que las dosis sucesivas tendrán que las dosis sucesivas tendrán que aumentarse para obtener el efecto anterior.

El último grado de tolerancia que se puede desarrollar es diferente para cada droga y también varía probablemente entre los consumidores. Los narcóticos representan un extremo: parece que virtualmente no tienen techo de tolerancia.

Los adictos a la nicotina, en contraste, rara vez fuman más de tres paquetes de cigarrillos diarios y, aunque esta cantidad de nicotina sería letal para un no fumador, el máximo de concentración de nicotina en la sangre y en el cerebro no se incrementa más allá de 10 veces el nivel de no tolerancia. Del mismo modo, cuando se desarrolla la tolerancia al alcohol, se pueden consumir cantidades bastante grandes diariamente; pero la cantidad tomada de un tirón es poco frecuente que sea más que unas pocas veces la dosis efectiva inicial.

El consumo de cafeína que hacen los bebedores de café con tolerancia puede incrementarse hasta 10-20 veces la dosis usual (de una taza de café) en el curso de un día.

La tolerancia hace la vida difícil, especialmente para los consumidores de heroína y cocaína porque, conforme incrementan la dosis, el gasto económico para obtener la droga es cada vez más difícil de sostener. Por consiguiente, la tolerancia es importante a causa de los problemas que le crea al adicto, pero desde el punto de vista de la biología no es fundamental; no es la causa de la adicción sino una consecuencia de la adicción. Para ser adictiva una dosis psicotrópica debe ser un refuerzo, debe estimular el sistema de recompensa, pero no necesita necesariamente conducir a la tolerancia.

About the Author: Dr. Josep Mª Fàbregas

doctor

Especialista en adicciones y director psiquiatra del centro de adicciones y salud mental Clínicas CITA. Inicié mi carrera profesional en el Hospital Marmottande París, donde trabajé con el Profesor Claude Olievenstein. Posteriormente me trasladé a Nueva York y, tras varios años de experiencia profesional, en 1981 fundé CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones) con el objetivo de desarrollar un modelo de comunidad terapéutica profesional, el cual lleva 32 años en funcionamiento.

Autor: Comunicación Clínicas CITA