Valoración del ingreso | Testimonio CITA

Valoración del momento del ingreso

Llegué a CITA Clínica un 30 de septiembre para recuperarme de mi adicción al alcohol.

Me sentía perdida, desorientada, desubicada, en estado de shock, como en una nube, no sabía quién era ni lo que quería, emocionalmente estaba destrozada, sentía mucha tristeza, rabia, culpa, vergüenza, sensación de fracaso, mucha ansiedad y un gran nudo en el estómago y en el pecho. No tenía hambre y estaba agotada física y psicológicamente porque no podía dormir bien, despertándome cada día muy inquieta y preocupada.

Durante el mes anterior, mi vida había cambiado por completo. Una secuencia de acontecimientos me hicieron ver que mi vida se estaba desmoronando y que estaba perdiendo lo que más quería:

Mi marido, me pidió la separación y me tuve que ir de mi casa. Mi situación económica no me permitía irme a vivir sola, así que tuve que volver a casa de mis padres.

Tuve un accidente en moto por ir bebida, me rompí el pie y tuve que estar un mes de reposo.

Mi familia organizó una reunión en la que uno a uno me dijeron lo que pensaban de mi: que tenía un problema con el alcohol, que me engañaba a mi misma, que había perdido credibilidad y su confianza.
Me dijeron que si volvía a beber, tendría consecuencias.

Una semana después quedé con una amiga para “llorar mis penas” y consumí. Ni pensé en las consecuencias, simplemente acudí a la manera que conocía de tapar mi estado emocional. No fui a trabajar al día siguiente, así que mis hermanos, con quienes trabajaba, me despidieron ese mismo día.

Acepté entonces que necesitaba ayuda. Fui a ver a un coach, y en la primera sesión me di cuenta de que tenía una dependencia con el alcohol. Lo había estado negando rotundamente hasta el momento. Tenía muchos prejuicios respecto al alcoholismo y el resto de adicciones. Yo no me identificaba con el perfil que tenía en mente sobre lo que es una persona alcohólica. Lo que me abrió los ojos es que una adicción no depende de la frecuencia ni de la cantidad de consumo. En ese momento sentí un miedo horrible (¿cómo me podía pasar esto a mi?), pero también liberación al reconocerlo. Decidí buscar ayuda especializada inmediatamente. Una semana después ingresaba en CITA. Llevaba un mes sin consumir.

Tenía tantas ganas de recuperarme que estaba muy contenta de estar aquí, necesitaba hablar con alguien que pudiera ayudarme, sin esconder ni mentir. Quería abrirme y contar mi caso, hacer un parón en mi vida para reflexionar, desaparecer del mundo una temporada para centrarme en mi misma.

No sabía cómo funcionaba el proceso pero estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para recuperarme. Mi cuerpo me lo pedía a gritos. Sabía que lo iba a pasar muy mal, que me costaría mucho esfuerzo, pero estaba dispuesta a poner de mi parte.

Proceso de cambio: Fase de deshabituación

EL PROCESO

Al principio me costó mucho entender cómo funcionaba el proceso ya que necesitaba empezar por un diagnóstico sobre mi misma, etiquetar, encontrar un sentido y lógica a mis pensamientos y comportamientos. He aprendido que esto no funciona así, que uno tiene que auto-diagnosticarse y que en lo personal muchas veces no hay lógica ni sentido. Hay que ver en lugar de comprender, y para poder ver se necesita ayuda. Una vez identificas, luego los cambios ocurren de manera inconsciente. He aprendido que para hacer un proceso personal hay que hablar mucho, hacerse preguntas, darse el tiempo que uno necesita y atreverse a tocar temas que siempre se evitan por miedo a sufrir.

ME HE CONOCIDO A MÍ MISMA

He descubierto cómo pienso, siento y actúo. Me he dado cuenta de que nunca en mi vida había reflexionado y profundizado sobre cómo soy y lo que necesito.

Soy extremadamente perfeccionista y muy exigente conmigo misma y con los demás. Mi vida, tanto personal como laboral, se ha movido bajo la creencia de “tengo que ser perfecta” y un montón de “tengo que”, lo que me ha supuesto un gasto de energía brutal, mucho estrés, ansiedad, presión y rabia hacia mi misma cuando no llego a todo y las cosas no me salen bien. Me enfado mucho conmigo cuando lo he hecho mal, me fustigo y me recrimino. Proyecto mi ira en los demás, faltándoles al respeto, siendo muy borde y agresiva.

Esta creencia me viene porque creo que a través de la perfección seré reconocida, aceptada y valorada por lo demás y por tanto recibiré su amor, cariño y afecto.

He aprendido que no se puede ser perfecto, el ser humano no lo es por naturaleza, somos limitados, así que estoy aprendiendo a conformarme con lo que puedo hacer y a no ponerme objetivos tan inalcanzables. He aprendido lo que es ser humilde. Además, he comprobado que la gente quiere personas imperfectas como ellas, con lo que para que me acepten y me quieran lo mejor es ser yo misma, sin maquillaje ni adornos. Además, estoy aprendiendo a aceptarme como soy, a quererme más, siendo más tolerante y compasiva conmigo misma, a renunciar a la mirada exterior, a sustentarme en mi misma y darme más apoyo interior, respetando mi necesidad.

Me muevo por la imagen exterior, es decir, me valoro según la mirada del otro. Quiero proyectar una imagen que es la que creo que el otro espera de mi: siempre positiva, fuerte, haciendo ver que todo marcha bien, no me permito mostrar que estoy triste o decaída. Me justificaba y mentía para no romper esa imagen. He podido comprobar que desde fuera se ve claro cuando uno miente, y he entendido por qué he provocado desconfianza y falta de credibilidad.

Tengo una auto-imagen inflada, creo que soy la hostia, que no cometo errores. Si los veo en otro tengo una reacción desproporcionada. Para mi hacer algo mal es inadmisible porque es como si me dijeran que no valgo. La base está en que he creído que el reconocimiento es amor y que para ser reconocida tengo que ser perfecta. Además, soy muy orgullosa debido a esa auto-imagen inflada.

He identificado que por la educación que he recibido de mi padre y porque en el fondo soy muy frágil, me he movido bajo la creencia errónea de “tengo que ser fuerte y poder con todo” y que “pedir ayuda es de débiles”. Cuando estoy muy mal me encierro. No soporto pedir ayuda porque supone reconocer que no puedo sola y eso es inaceptable para mi, me da vergüenza. Tener que controlarlo todo e ir de fuerte me ha generado también mucho estrés y ansiedad.
He aprendido que es todo lo contrario. Dejarme ayudar en este proceso creo que ha sido muy valiente e inteligente por mi parte y he visto que gracias a la ayuda estoy mucho mejor.

No acepto el decaimiento, desánimo, tristeza o mal rollo en los demás, porque no me lo permito a mi misma. Me enfado, me da rabia e intento que cambien su estado de ánimo. He aprendido a respetar el estado de ánimo del otro, a saberlo llevar sin implicarme y a respetar que cada uno tiene sus tiempos.

Tanto en lo personal como en lo profesional, cuando me pasan la responsabilidad que no me corresponde, la acepto o me auto-responsabilizo. Lo hago por complacer ya que creo que así recibiré amor, aunque muchas veces existe un conflicto entre mi posición y el querer responder al otro, lo que me genera mucho agobio, presión, estrés y ansiedad. Estoy aprendiendo a identificar cuándo la responsabilidad no es mía y a no aceptarla, a no actuar por complacer y poner límites al otro.

No soy tan racional como pensaba, de hecho ha sido mi coraza para defenderme de las emociones . He descubierto que llevaba mucho tiempo desconectada de ellas. No me permitía sentir ni expresar las emociones negativas que me hacían sufrir (tristeza, ira, rabia…).

Ahora sé qué son las emociones, cómo funcionan y cómo sobrellevarlas. He comprobado que hacía muchas interpretaciones erróneas de las situaciones lo que me llevaba a emociones y actuaciones equivocadas. He visto que la rabia me bloquea y me ralla, desde la tristeza puedo avanzar más, llevo mejor el sufrimiento. Ya no me importa llorar delante de gente, no me da miedo ni me avergüenza, he comprobado que es muy liberador.

He aprendido a contactar conmigo misma, a escuchar mi cuerpo y por primera vez he experimentado un proceso emocional “a pelo”, pasando por fases del duelo por mi separación. He visto que aunque con las emociones negativas lo pasas muy mal, merece la pena vivirlas porque cuando las superas es muy liberador y aliviante.

He descubierto que soy muy impulsiva e impaciente, que si las cosas no salen como yo quiero y cuando quiero, me entra frustración y enfado. Quiero abarcar mucho en poco tiempo, voy como una moto y me genera estrés y embotamiento.

He visto que la impulsividad me lleva a cometer errores . Estoy aprendiendo a ajustar estas características de mi personalidad en su justa medida, a frenarme un poco, parar a reflexionar sobre qué hacer, valorar las opciones, darme el tiempo que necesito. Cuando no me embalo, estoy más tranquila y las cosas me van como yo quiero.

He identificado que me anticipo a los acontecimientos, preocupándome por el futuro. No llevo bien la incertidumbre, me produce mucha presión, inquietud, angustia y miedo. He aprendido que si te enfrentas a los problemas en su momento vives más tranquila.

No me gusta la mentira, me siento que me han tomado el pelo, me infravalora y me irrita muchísimo. He descubierto que viene de mi primera relación de pareja en la que me engañaron mucho. También me pasa porque me he engañado a mi misma. No quería ver la realidad que no me gustaba ni enfrentarme a aquello que me hacía sufrir. Me he estado auto-engañando durante mucho tiempo para evadirme o poder superar lo que me generaba malestar.

He descubierto que no ponía límites a mis deseos y que no quería pensar en las consecuencias de mis actos. Estoy aprendiendo a ponérmelos sin frustrarme.

LA RELACIÓN CON MI FAMILIA

He descubierto que el amor de mi familia es más importante para mi de lo que yo pensaba.

Siempre he idealizado a mi padre. Para mi es Dios y lo que dice es norma y es lo correcto. Aunque él no me diga nada, los prejuicios y las exigencias que creo me impone me persiguen.
He querido ser como él, me he tomado cosas de él e intento demostrarle que puedo cumplir con lo que él espera para tener su amor. Quiero demostrarle que valgo. Dependo de su aprobación, por eso cuando me enfrento a él me muero de miedo.

No me gusta pedirle ayuda porque supone reconocer que no he sido fuerte para conseguirlo yo sola, que he fracasado. Me estresa mucho pedirle ayuda económica, para mi es como si le diera derecho a decirme lo que tengo que hacer. Por eso siempre he pensado que “la independencia económica me da la libertad”.

Me he dado cuenta de que en el fondo quiero el amor de mi padre como una niña pequeña, deseo que me diga que me quiere, escuchar que está a mi lado, que me comprende, que me diga que no me preocupe y que lo exprese a mi manera. Me he dado cuenta de que él nunca lo va a expresar de esta manera. No es su estilo ni cree que lo tenga que hacer así.

He entendido que he sido yo la que ha creado esta relación de dependencia con mi padre, que él no va a cambiar sino que soy yo la que tengo que cambiar respecto a él, así que estoy aprendiendo a renunciar a su aprobación y a mis expectativas. Él me quiere porque es mi padre, simplemente tengo que aceptar su manera de expresarlo.

He comprobado que podemos tener una mejor comunicación si no me enfrento, no demuestro, expreso mis necesidades, no me aplico lo que dice, me protejo y soy yo sin maquillaje ni mentiras.

La relación con mi madre ha mejorado, nos entendemos mejor, ahora hablamos el mismo idioma. Me está apoyando mucho y me ayuda respecto a mi relación con mi padre. Estoy intentando que ya no sea mi interlocutora con él. De todas formas, me llevo como tema pendiente profundizar en la relación con ella.

He descubierto que me relacionaba con mis hermanos a través de mi imagen exterior y mi coraza. He empezado a relacionarme de forma diferente. Me he acercado a su nivel, me he abierto, creando una relación más intima y más sincera.

En definitiva, estoy aprendiendo a reconducir la relación que tengo con cada miembro de mi familia.

LA RELACIÓN CON MI PAREJA

He entendido y aceptado mi separación matrimonial, gracias a revisar lo que ha pasado.

Pensaba que un matrimonio debe ser para siempre, que la pareja se debe ayudar de forma incondicional y que una separación es un fracaso, así que negaba la realidad y me montaba una que no existe. No quería ver mis carencias ni pensaba sobre mis necesidades, me había conformado.

Ahora que piso en la realidad, he comprobado que el amor no es incondicional, que no tengo el privilegio de que me aguanten lo que sea, que la gente tiene límites y las relaciones hay que trabajarlas día a día. Ahora veo mi separación como algo que no ha funcionado en lugar de como un fracaso.

También he descubierto que, aunque lo más importante para mi es el amor de mi pareja, cuando me lo han dado en el pasado he salido huyendo, creo que es por miedo al fracaso y al abandono. Por otro lado, cuando me falta cariño y me siento sola, quiero llamar la atención comunicándome de forma agresiva, me distancio, huyo y envío el mensaje contrario.

He descubierto que soy muy exigente con la persona que está a mi lado y que me fijo en si cumple un perfil que he diseñado previamente, como un currículum en el que hay mucho de imagen exterior. Estoy intentando desmontarlo y fijarme más en lo que satisface mis necesidades reales.

He descubierto que me pongo en plan mamá, me lanzo a solucionar los problemas del otro, invadiendo su territorio. Lo hago por mi, no por el otro, sin respetar cómo es o el tiempo que necesita. Estoy aprendiendo a controlar esta faceta.

LA RELACIÓN CON LOS DEMÁS

He descubierto que me comunico de una forma agresiva y que soy muy mandona.

La Psicoterapia Asistida con Equinos (PAE) me ha ayudado mucho a ver algunos aspectos de mi y cómo me comunico. Gracias a la sensibilidad del caballo a mi actitud y lenguaje corporal, he identificado varias cosas: es bueno pedir ayuda; me fijo mucho en el exterior, centrándome más en demostrar que lo hago bien que en hacerlo; cuando no me sale algo como quiero a la primera, tiro la toalla, pienso “no va a salir”, me entra frustración; si cambio de actitud y me comunico de forma asertiva, estoy posicionada, segura y sé donde voy y lo que quiero, lo obtengo.
Creía que ayudaba a la gente diciéndoles lo que tenían que hacer, y he aprendido que simplemente el otro quiere expresar lo que le preocupa o siente y que le escuchen.

Me costaba escuchar a otros. Además, si escuchaba algo que no me gustaba o lo interpretaba mal, me tiraba a la yugular, sin dejar expresarse al otro, sin darle opción de respuesta, de forma agresiva, humillando.

Estoy aprendiendo lo que es la escucha activa y cómo comunicarme de forma más asertiva y a ayudar sin dominar porque he visto que si no te quedas sólo, no te hacen caso.

MI RELACIÓN CON LAS SUSTANCIAS ADICTIVAS

He aprendido qué es una adicción, cómo es la mía, qué me lleva a consumir y cómo ha ido evolucionando. He ido tomando poco a poco conciencia de mi enfermedad. Ahora sé que el problema no era el alcohol sino yo misma, que es algo muy serio, que te autodestruyes y destroza tu vida.

Las situaciones desencadenantes de mi consumo son la euforia, el estrés en el trabajo, la presión del entorno familiar, la falta de afecto, ciertos estados de ánimo, las discusiones con mi pareja, los miedos y preocupaciones, los pensamientos automáticos (perfecta, exigente).

Las razones de mi consumo:

Para evadirme de la realidad que no me gustaba y a la que no me quería enfrentar.
Para anestesiar emociones negativas que quería tapar como la culpa, la rabia, la ira, la tristeza, el miedo, la falta de cariño.
Para relajarme del estrés, presión, angustia, ansiedad, preocupaciones.
Para hacer un kit-kat:. “este es mi momento”.
Para celebrar algo que ha ido bien.
Para mantener la euforia en momentos de fiesta.

También asocio el consumo a momentos como comer una paella, la playa, el aperitivo, la noche, las cenas con amigos, momentos agradables, cocinar.

Las habilidades y herramientas que me ayudan a mantener la abstinencia:

Ahora identifico algunos de mis pensamientos automáticos y me los intento quitar de la cabeza, pensando “ya está aquí otra vez el automático, ni caso” o le digo a mi entrenador personal que se relaje.

Cuando le estoy dando vueltas a un tema que me preocupa, intento pensar en positivo, distraerme organizando mi agenda o lo hablo con alguien.

Tengo menos miedo a sentir las emociones. Cuando siento tristeza, rabia, ira, culpa… me dejo llevar, intento sobrellevarlas pensando que son temporales y que no son malas, que me tengo que permitir vivirlas, que luego me sentiré mejor. Intento conectar con ellas.

Cuando estoy estresada, ansiosa o tengo la cabeza embotada, me relajo con la respiración, haciendo yoga o deporte, dándome un baño caliente, un masaje o tratamiento estético, escuchando música, escribiendo lo que me pasa, viendo una revista del corazón, de moda o de decoración.

Cuando estoy preocupada por algo del futuro, intento centrar la atención en lo que estoy haciendo en el presente, me digo “aquí y ahora” y que no puedo solucionarlo hasta que llegue el momento.

Para estar animada y sentirme bien, me intento cuidar haciendo deporte y yoga, alimentación saludable, me levanto a las 7h y me acuesto a las 23h. Tomo café descafeinado y bebo mucha agua e infusiones. También me ayuda verme bien por fuera.

He identificado que me ayuda ser planificada, constante y disciplinada, estar alerta, observarme, protegerme, ponerme límites y dejarme ayudar. Me sirve pensar que si estoy tranquila, puedo.

Cuando me vienen apetencias, lo comento, intento distraerme y:
Pienso en las consecuencias negativas que me ha traído mi adicción, que no me conviene.
Pienso en la resaca.
Pienso en que he estado 4 meses en CITA y lo que me queda.
Pienso que si consumo la liaré y perderé la ayuda de mi familia.
Pienso que la apetencia es pasajera.
Pienso como estoy ahora, que me encuentro bien, hasta donde he llegado.
Pienso que no me compensa un rato corto “bueno” con todo el mal rollo que me puede traer.
Pienso “si evito la primera, no habrá segunda ni tercera”.
Pienso “¿qué más me pueden ofrecer las drogas?”.

Situaciones difíciles:
He llevado muy mal la desintoxicación por heroína de algunos pacientes, así como las escapadas del centro y las recaídas. Muchas de estas situaciones me han provocado pesadillas de consumo.

Me han hecho ver que uno sólo se cura si quiere de verdad, lo mal que puede acabar uno y lo que no quiero. También me han enseñado a ser más tolerante y a tener más empatía.

Proyecto diseñado para la fase de reinserción

Acabo mi fase en CITA Clínica el 9 de febrero (4 meses y 9 días).

Ahora me siento más “limpia” y pienso que venir al centro ha sido la mejor decisión que he tomado nunca. Me ha salvado la vida.

Mi objetivo es la abstinencia, seguir haciendo un cambio en mi misma y de estilo de vida. Buscar calidad de vida. Ahora la prioridad soy yo porque si yo no estoy bien, nada irá bien.

Para conseguirlo, lo más importante en este momento para mi es hacer la reinserción poco a poco, sin embalarme, sin agobiarme, y con ayuda terapéutica.
Ahora que me conozco, tengo miedo de mi misma. Yo soy mi peor enemigo. Es importante que controle el estrés y cómo me afectan las emociones.

Estaré 2 meses en Barcelona, hasta finales de marzo. He elegido esta opción porque me resuelve el tema de alojamiento y terapias. Para mi es como un “hotel terapéutico”.

Después, lo ideal es no vivir temporalmente en casa de mis padres. Tengo un plazo de otros 4 meses para seguir buscando trabajo, estabilizar los cambios en mi vida y volver a ser independiente económicamente.

ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO

Durante mi estancia en CITA Torre tendré:
1 grupo diarios de socioterapia o prevención de recaídas.
1 sesión individual de socioterapia a la semana.
1 sesión individual con el psicólogo a la semana.

Además, continuaré viéndome con el psicólogo de CITA Clínica para seguir con el proceso que hemos empezado, ya que será mi psicólogo después de la Torre.

EL TRABAJO

Quiero calidad de vida. He decidido dejar el sector de las agencias de publicidad (me ha generado mucho estrés y casi acaba con mi salud) y buscar un trabajo por cuenta ajena dentro del área del marketing/comunicación o administración.

Un tema pendiente por trabajar es mi relación con el trabajo. El problema no son las horas de dedicación, la ambición por el dinero o el poder, que no tengo, sino que busco el reconocimiento del otro. He identificado que me auto-estreso porque me exijo mucho, me obsesiona el trabajo bien hecho ya que creo que así obtendré reconocimiento. El problema es que para mi bien es excelente.

EL TIEMPO LIBRE

En CITA he descubierto nuevas actividades que me gustan y que quiero continuar: la hípica, dar paseos, correr por el bosque, el yoga, levantarme y acostarme pronto.

Además, hay otras actividades y deportes que ya practicaba: gimnasio, padel, esquí, viajar, el cine, balnearios.

LA FAMILIA

Seguir reconduciendo las relaciones familiares como he aprendido. El tema de mi padre va para largo pero veo que he hecho progresos. Trataré el tema de mi madre e intentaré mantener la nueva forma de relacionarme con mis hermanos.

LAS RELACIONES AFECTIVAS

He dejado de tener relación con las personas con las que consumía, no me convienen o me generan negatividad. He borrado sus teléfonos de mi móvil, sus e-mails y contactos en el Facebook.

Quedaré con ciertas personas a las que les quiero contar donde he estado. Son aquellas que creo se tomarán el tema con seriedad y respeto. Aunque no tengo problema en contarlo, no quiero dar carnaza a aquellos que se lo toman como morbo y cotilleo.

Reestableceré relaciones con antiguos amigos, que son personas sanas. Me rodearé de las personas adecuadas y en aquellos casos en que dude, hablaré con ellos para decirles que no me conviene relacionarme en estos momentos. Si me quieren lo entenderán.

Rosa B

Expaciente – Tratamiento alcoholismo, En tratamiento en 2024

Scroll al inicio