Testimonio Alcohol y Cocaína: Se me cayó el mundo encima

Mi Viaje con las Adicciones: Cómo el Alcohol y la Cocaína Cambiaron mi Vida (y las Lecciones que Aprendí)


Esta es la historia de un error que casi me cuesta todo. No es solo un testimonio sobre adicciones, sino un relato crudo sobre cómo subestimé el poder del alcohol, cómo la cocaína apareció en mi camino y por qué hoy quiero compartir esta experiencia para ayudar a otros. Si estás luchando contra las adicciones, te sientes atrapado por decisiones del pasado o crees que «controlas» el consumo, este texto podría cambiar tu perspectiva.

Capítulo 1: CITA, una Segunda Oportunidad entre Rejas y Dudas

Cuando ingresé por primera vez al centro CITA, lo hice convencido de que mi problema eran las drogas. Pero la segunda vez fue distinta: llegué por problemas judiciales, no por adicciones. Mi vida empezaba a estabilizarse cuando una posible condena a prisión se convirtió en realidad.

En CITA, aprendí una lección clave: el centro no es un escudo contra la realidad. Mientras trabajaba en mi recuperación, el mundo exterior seguía girando. Mi relación de pareja se resquebrajaba, las presiones legales persistían y, aunque el grupo de apoyo era diferente al anterior, me adapté rápidamente. Creí que podía manejar todo… hasta que el alcohol regresó.

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    Testimonio cocaína y alcoholismo

    Capítulo 2: La Recaída que No Vi Llegar (y Cómo el Alcohol Abrió la Puerta)

    Un día, durante una salida autorizada, tomé una cerveza. «Solo es una, no pasa nada», pensé. Error monumental. Minimicé el riesgo, ignoré las señales y caí en la trampa clásica de la recaída: creer que un consumo «aislado» no tenía consecuencias.

    Las siguientes semanas, bebí esporádicamente. Justificaba cada trago como un alivio al estrés judicial o a la ansiedad por mi relación fallida. Pero había algo más profundo: no había trabajado emociones clave con mi terapeuta Santi. El agobio, la euforia falsa y el miedo los guardaba como secretos tóxicos.

    Hasta entonces, la cocaína no formaba parte de la ecuación. Creía que el alcohol era un enemigo menor, pero no entendía que era la llave de un infierno peor.

    Capítulo 3: La Cocaína Entra en Escena: El Día que Todo se Desmoronó

    Tras salir de CITA con el alta médica, pensé que lo peor había pasado. Error otra vez. En una tarde aparentemente normal, la cocaína apareció. El alcohol había preparado el terreno, debilitando mi autocontrol y nublando mi juicio.

    Recuerdo la voz en mi cabeza repitiendo: «Nunca mezcles alcohol y cocaína», pero la advertencia llegó tarde. Consumí. Y luego, otra vez. Y otra. Un año de abstinencia se esfumó en horas. La culpa fue devastadora: era la «resaca moral» de la que tanto me habían hablado en terapia, pero nunca imaginé su intensidad.

    Capítulo 4: Sobredosis y Hospitalización: El Llamado de Atención que Cambió Todo

    El clímax de esta espiral fue una noche de desesperación. Tras un consumo desenfrenado, ingerí un cóctel de pastillas buscando escapar de la angustia. Desperté en un hospital, con suero en las venas y la voz de un médico diciendo: «Tuviste suerte».

    Ese momento fue un golpe de realidad. Entendí que las adicciones no se negocian: o las enfrentas con herramientas concretas o te destruyen. También comprendí que CITA no era una solución mágica, sino un recurso que debía complementar con trabajo personal constante.

    Lecciones Aprendidas: Lo que Desearía que Alguien me Hubiera Dicho

    1. El alcohol NO es inofensivo en procesos de adicción: Es un disparador silencioso que reactiva patrones peligrosos.

    2. Las emociones no gestionadas son combustible para la recaída: Huir del agobio con drogas solo posterga el problema.

    3. La abstinencia no es sinónimo de cura: Se necesita reconstruir hábitos, relaciones y autoconfianza.

    4. Pedir ayuda no es vergonzoso: Guardar secretos fue mi peor decisión.

    Un Mensaje para Quien Cree que «Controla»

    Si te identificas con esta historia, quiero que sepas dos cosas: No estás solo y la recuperación es posible, pero requiere honestidad brutal. Las adicciones son maestras del autoengaño, y yo caí en sus redes por subestimar su poder.

    Hoy, tras reconstruir mi vida, entiendo que cada recaída, cada error, fue una lección disfrazada de caos. Si estás en CITA, en un centro similar o luchando en solitario, habla. Comparte tus miedos. Busca profesionales como Santi, que me enseñaron que la vulnerabilidad no es debilidad, sino el primer paso hacia la libertad.

    ¿Y tú? ¿Estás listo para escribir tu propio final de superación?

    Yo decidí volver ingresar en CITA.

    Autor: Comunicación Clínicas CITA

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