Testimonio tabaquismo
Hace unos dos años me detectaron un enfisema pulmonar. Soy fumadora desde los 20 años y tengo 56 en la actualidad. Lo primero que me dijo el doctor, lógicamente, es que dejara de fumar. Me recomendó que lo hiciera con Champix y me dio un papel con las indicaciones de cómo tenía que tomarlo. Después de la primera fase, pase a dejar de fumar.
Me empezó a bajar la moral por los suelos, no quería salir de casa, estaba triste, apática, sin capacidad de atención ni concentración, con falta de motivación; en definitiva, mal y depresiva.
Un día, después de seguir con los síntomas que he comentado y de dos meses si fumar, se me ocurrió dar una calada al cigarrillo de un amigo y poco a poco me enganche. Otra vez me gano la partida el tabaco.
Seguí fumando, pero me regalaron un cigarrillo electrónico. Duré cinco días. No me daba la misma satisfacción que el tabaco. Era una sensación extraña y no me sentaba demasiado bien. Intentaba llevarlo conmigo para fumar menos, pero no me sirvió.
Un tiempo después, y con la angustia de que lo tenía que dejar, una amiga me habló del recurso de la hipnosis. Acudí a un centro para someterme a esta terapia. Allí me hicieron visualizar las consecuencias que ya sabemos que provocan el tabaco y la nicotina.
También me dieron unas indicaciones para coger asco al tabaco: encender un cigarro(no te indica que dejes de fumar radicalmente) y no tragar el humo, pasearlo por la boca varias veces y luego sacar el humo sin tragarlo o a través de una servilleta blanca, para que veas la nicotina que entra en tu pulmón(Eso si me impresiono). Pero, ¿quién fuma así? Yo jamás he fumado así. Probé con dos cigarros, y decidí fumar como siempre, que es lo que realmente me gustaba. Otra intentona fallida.
Luego, en la farmacia me recomendaron los chicles de nicotina.
Pensé que podría probarlos y sustituirlos por cigarrillos cuando tuviera ganas. Lo intente, pero no, realmente la adicción también tenía que ver con mis manos. Aquello no me daba la sensación que necesitaba para olvidarme del tabaco y fracasé de nuevo.
Más adelante, hablando con un farmacéutico, me dijo que él lo había conseguido con parches de nicotina. Me pareció que pegando los parches a la piel, perdería las ganas de fumar. Es verdad que calman la ansiedad, pero otra vez mi pensamiento estaba centrado en el cigarrillo. Me los ponía y quitaba, dependiendo de si fumaba.
Estaba sufriendo un montón, cada vez tenía más impulsividad, más culpabilidad y no podía parar.
Busqué en internet. Quería curarme, aunque tuviese que internarme en una clínica. Necesitaba ayuda. Me encontraba cada vez peor.
Encontré una clínica de desintoxicación, Clínicas Cita, donde ofrecían un tratamiento residencial. Me decidí porque necesitaba ingresar en algún lugar donde supieran qué hacer y pudiesen ayudarme.
Llamé enseguida. Quería que mi decisión no se enfriara. El director del centro, el Dr. Fàbregas, después de escuchar mi caso y atender mi urgencia, me invito a visitar la clínica. Allí me daría su opinión profesional, me explicaría el tratamiento y me ofrecería la ayuda de profesionales especializados en la deshabituación del tabaco.
Hoy hace una semana que estoy en clínicas Cita y no he fumado. No es un milagro; hay que poner fuerza de voluntad y ganas por mi parte. Pero ellos me han ayudado desde el primer día a superar la adicción física a la sustancia, a no tener ansiedad ni miedo, mediante terapias individuales y grupales y con la ayuda de una experta en tabaquismo.
Ahora estoy consiguiendo aprender los recursos para vivir feliz sin fumar y concienciándome de los beneficios que me aporta vivir sin esta dependencia, además de practicar yoga, pádel, Pilates, y disfrutar de una vida sana y de cuidados continuos.
El tratamiento también me está sirviendo para hacer un parón en mi vida, conocerme mejor y cambiar hábitos cotidianos que no me benefician.
Tengo aún otra semana por delante para aprovechar mi tiempo y poder salir con los recursos suficientes para que, cuando tenga deseos de fumar, sepa pararlos.
