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En el momento de entrar en el mundo del consumo de cocaína, todo a mi alrededor empezó a caer de forma imparable hacia un abismo profundo y desconocido (…) Lo peor es que todos menos tú saben que el final será trágico y doloroso. Hablo en concreto de la cocaína porque fue la sustancia que me afectó concretamente a mí (…)

Llegó un momento en que, dada mi situación personal, debía tomar decisiones constantemente sobre el rumbo de la empresa que dirigía, y cada vez se me hacía más difícil soportar la presión lógica del negocio.

Era entonces cuando me apoyaba en el consumo de droga para poder soportarla. A partir de ese momento, empecé a cometer errores garrafales y entré en la dinámica de equivocarme con suma facilidad, sin olvidar el deterioro personal y externo que acompaña siempre a los consumidores de cocaína.

Como cualquier otra adicción, siempre tiene etapas muy concretas. Al principio la pruebas, luego pasas a consumirla esporádicamente -normalmente en salidas nocturnas-, más tarde pasas a utilizarla en momentos de estrés e incluso euforia.

Posteriormente, como en el caso de muchos otros, la sustancia se empezó a apoderar de mi cerebro y de mi forma física, obligándome a consumir para moverme e incluso para comunicarme con los demás. De esta forma, me resultaba imposible mantener ningún tipo de conversación si no había consumido.

Otra de la sintomatología que desarrolla la cocaína en un enfermo es el comportamiento paranoico. Es algo habitual en el consumidor y debo confesar que sufrí muchísimo por ello. Tenía la sensación de que todo el mundo me controlaba, estaba siempre pendiente de si me estaban siguiendo y desarrollaba ideas irreales.

Es terrible cuando llegas a sentir el efecto de un estado paranoico. Durante mucho tiempo viví con el convencimiento de que me querían matar. Fue algo que me llegó a obsesionar y con el tiempo pude comprobar que afectaba a muchas otras personas consumidoras de esta sustancia.

Fueron varias las ocasiones en que organicé espectáculos desagradables. Había momentos en que no era nada consciente de mis actos y cada vez sentía más la necesidad de abandonar mi vida empresarial.

Es curioso cómo la droga afecta de una forma tan clara al cerebro, haciéndote olvidar todo lo que es realmente importante, anulándote totalmente como persona y haciéndote perder el sentido de la vida. La familia, los hijos y los amigos van pasando a un segundo plano y es la droga la que se apodera del rumbo de tu vida.

Lógicamente, las consecuencias para mí no tardaron en llegar.

Cuando miro atrás, siento gran tristeza por todo lo que pasó, aunque también debo decir que superar esta enfermedad me ha ayudado a ver la vida desde una perspectiva que nunca hubiera conseguido si no hubiera caído antes en este enorme problema (…)

Es evidente que lo que pueda hacerme feliz a mí ahora, puede resultarle monótono o aburrido a otros. Sin embargo, la diferencia es que me hacen feliz las cosas que yo elijo y siento una conexión muy gratificante con los pequeños detalles y los grandes retos por igual, pero sin sufrir la necesidad de ninguna sustancia que manipule mi percepción o mi forma de pensar y actuar.

About the Author: Dr. Josep Mª Fàbregas

Especialista en adicciones y director psiquiatra del centro de adicciones y salud mental Clínicas CITA. Inicié mi carrera profesional en el Hospital Marmottande París, donde trabajé con el Profesor Claude Olievenstein. Posteriormente me trasladé a Nueva York y, tras varios años de experiencia profesional, en 1981 fundé CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones) con el objetivo de desarrollar un modelo de comunidad terapéutica profesional, el cual lleva 32 años en funcionamiento.