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¿La marihuana incrementa la agresividad?
Aunque persiste el debate sobre los efectos del cannabis en el comportamiento agresivo, hay estudios que demuestran que el cannabis en todo caso disminuye el comportamiento agresivo en las personas cuando se las provoca.
Los investigadores convocaron a un grupo de hombres jóvenes en el laboratorio y les mostraron unos botones en una mesa. Se les indicó que al presionar el botón A, acumularían puntos que darían lugar a una recompensa. También se les dijo que al oprimir el botón B se restarían puntos a otro sujeto en otra habitación que estaría haciéndolo mismo que él (en realidad no había otro sujeto).
A medida que oprimían los botones, cada cierto tiempo se daban cuenta de que iban perdiendo puntos. Este hecho se atribuía a las acciones de la otra persona ficticia. El experimento estaba organizado de manera que se restaran más o menos puntos para crear la impresión de que el otro sujeto estaba siendo levemente muy agresivo con el sujeto real. No fue sorprendente que, a medida que los sujetos ficticios se tornaron más agresivos, los sujetos reales comenzaron a oprimir el botón B para tomar represalias.
Más tarde, los sujetos fumaron un cigarrillo de cannabis o un placebo con sabor a marihuana pero que no contenía THC y continuaron con el experimento.
Después de fumar los cigarrillos con marihuana, los sujetos mostraron una clara disminución dela respuesta agresiva a las acciones enormemente provocadoras de los otros sujetos ficticios.
Aunque es obvio que este estudio no aborda la violencia callejera, tiene la ventaja científica de realizarse con tratamientos bien controlados y mediciones bien definidas. Más aún, es consistente con la gran mayoría de los informes sobre los efectos del cannabis que afirman que hace que los consumidores sean más pacíficos.

About the Author: Dr. Josep Mª Fàbregas

Especialista en adicciones y director psiquiatra del centro de adicciones y salud mental Clínicas CITA. Inicié mi carrera profesional en el Hospital Marmottande París, donde trabajé con el Profesor Claude Olievenstein. Posteriormente me trasladé a Nueva York y, tras varios años de experiencia profesional, en 1981 fundé CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones) con el objetivo de desarrollar un modelo de comunidad terapéutica profesional, el cual lleva 32 años en funcionamiento.