Efectos de los estimulantes en el cerebro

Las anfetaminas y la cocaína son conocidas por su propiedad de aumentar la atención, producir la sensación de alerta y eliminar la fatiga. En algunos países se han hecho populares porque aumentan la atención y retrasan el sueño, y como tratamientos médicos para el trastorno del déficit de atención y la narcolepsia (enfermedad que hace que el paciente se duerma repetidamente durante el día).

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Las personas que toman estimulantes con frecuencia son locuaces y están llenas de energía, movimiento y confianza, hasta el punto de mostrarse inquietas y grandilocuentes en sus ideas y de dar la impresión de poder lograr cualquier cosa que se propongan.

Si los estimulantes simplemente aumentasen la energía y la atención, en efecto serían un medicamento milagroso. Pero estas sustancias también producen una euforia inequívoca y un sentido del bienestar que es la base de la adicción. La gente que se inyecta o fuma cocaína, describe una euforia de intenso placer físico que comparan con el orgasmo. Cuando estas drogas se absorben más lentamente (esnifándolas o tomándolas en pastillas), la sensación es mucho menos intensa y simplemente se identifica como bienestar.

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    Los estimulantes también producen aumento de la actividad motora, el efecto del que deriva su nombre. Los consumidores están siempre activos, en constante movimiento, hablando, moviéndose y explorando. Cuando las dosis son más altas, el movimiento se transforma en acciones repetitivas. Quienes toman altas dosis de anfetaminas, garabatean patrones repetitivos y repiten acciones sin parar. Los animales de laboratorio hacen lo mismo. Con bajas dosis, los animales tratados con anfetaminas se mueven incesantemente en sus jaulas como si buscaran algo. Después de una dosis alta, el animal olfatea un mismo sitio de la jaula sin cesar, o se acicala de manera repetitiva, o mastica insistentemente.

    A veces la gente consume cocaína combinada con heroína u otros opiáceos. En este caso, los efectos en el cerebro y el comportamiento es la suma de los efectos de las dos sustancias. La ensoñación de los opiáceos se suma y modera el enervamiento y la excitación producidos por la cocaína. Esta combinación puede ser particularmente peligrosa: quienes se inyectan cocaína retrasan la autoadministración cuando el nerviosismo se vuelve demasiado pronunciado, pero en presencia de la heroína estas sensaciones no son tan obvias, razón por la cual aumenta la posibilidad de sobredosis (ya de sea de heroína como de cocaína).

    La cocaína y las anfetaminas disminuyen el apetito mediante acciones en el cerebro. La anfetamina fue la primera píldora de dieta y su uso se popularizó en las décadas de 1950 y 1960. Sus efectos causantes de dependencia se volvieron un problema real y los estimulantes ya no se usan con este propósito. Se han desarrollado alternativas que no causan adicción.

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